Coronavirus y un mercado de trabajo polarizado

  • 18 Marzo, 2020

    Una de las grandes contradicciones de las empresas de nuestro tiempo reside en casar dos tendencias trending topic en Recursos Humanos: por una parte, la necesidad de la máxima flexibilidad, para que las organizaciones puedan adaptarse en un periquete a los vaivenes de un  mundo cambiante (qué vamos a contar a estas alturas sobre lo cambiante que es el mundo)  y, por la otra, el valor distintivo del compromiso de la persona empleada para con su empresa. Por un lado, empleados de quita y pon, carne de temporalidad, de contratos a tiempo parcial, de autonomía ficticia. Por el otro, soldados fieles que se arremangan por el bien de un proyecto.

    Y en este contexto, aparece el coronavirus, que se expande mucho más deprisa que el universo. Y aunque sesudos investigadores busquen una vacuna a la desesperada y aunque las infraestructuras de telecomunicaciones permitan en muchos casos el trabajo desde casa, nuestras necesidades básicas no quedan en manos de los perfiles de los llamados empleos del futuro. Claro que urgen profesionales capaces de interpretar cantidades ingentes de datos, más que nunca. Claro que los programadores en blockchain (tecnología de cadenas de bloques) lo tendrán mejor que nadie. Claro que las empresas se pelearán por ingenieros en robótica. Claro que los expertos en ciberseguridad serán los reyes.

    Pero hoy necesitamos más que nunca del compromiso, porque se la juega, de los médicos y médicas. Y de la persona que repone las estanterías de un supermercado, de la persona que cobra en la caja, de la que atiende en la farmacia, de la que limpia un hospital, de la que recoge la basura de las calles, de la que cuida de nuestros mayores en una residencia, y del personal de enfermería, y de quienes conducen ambulancias y empujan camillas, de auxiliares de auxiliares de auxiliares… de quien se la juega para cuidar a las criaturas, de quienes conducen un autobús, de quienes reparten por las casas paquetes que hemos comprado a golpe de clic para distraernos, hartos del confinamiento. También, de la persona uniformada que comprueba para qué diantre nos hemos escapado a deambular por la calle. Por supuesto, de la que dispensa atención telefónica en un call-center, a saber a qué distancia de sus colegas de cubículo. Y a pesar de la orfandad de modelos de negocio consistentes, quedamos igualmente en manos de la profesión periodística, clavo ardiendo al que aferrarse para una población ávida de información veraz en la era de los bulos. En muchos de estos casos, los salarios que se pagan a esta mar de gente son miseria. Preguntémosles por el compromiso con su empresa. Puede moverles una causa superior, la solidaridad. O la pura necesidad de sobrevivir. Mañana, quizá les espere una patada.

    Es muy probable que en un futuro próximo, robots, algoritmos y drones acaben asumiendo buena parte de las tareas de las que constan los mencionados empleos. Pero no es casualidad que muchos estudios sobre el futuro de los trabajos apunten a una polarización creciente del mercado laboral, también en España. La demanda no solo se concentrará en la franja de elevada cualificación, sino también, aunque en menor medida, en la de supuesto bajo valor añadido, con una creciente brecha salarial entre punta y punta y con el hundimiento de la franja del medio, que puede abarcar desde  tareas administrativas y contables hasta empleados de banca.  

    El McKinsey Global Institute* ha constatado en un estudio de febrero de este año que esta tendencia ya se ha dado con claridad en los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), como indica el gráfico adjunto.  Entre el año 2000 y el año 2018, la caída de la franja de cualificaciones y salario medios supera el 6%, mientras que la de las más elevadas ha aumentado un 4% y por el extremo opuesto, se observa también un repunte, superior al 2%. En España, un estudio de octubre pasado de Eurofound ** ahondaba ya en la misma dirección en comunidades como la catalana, la valenciana y la madrileña.

    La polarización es una tendencia clara. Así que no sabemos hasta qué punto los robots reemplazarán oficios, más que tareas, que hoy desempeñan seres humanos. Tal vez las máquinas serán tan humanas que se contagiarán de la pandemia.

    *McKinsey Global Institute. The social contract in the 21st century. Accesible en: https://www.mckinsey.com/industries/social-sector/our-insights/the-social-contract-in-the-21st-century

    **Eurofound. European Jobs Monitor 2019: Shifts in the employment structure at regional level. Accesible en https://www.eurofound.europa.eu/publications/report/2019/european-jobs-monitor-2019-shifts-in-the-employment-structure-at-regional-level

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