Gobernar como el Partido de Izquierda Erótica

  • 18 Enero, 2013
    Foto artículo: Gobernar como el Partido de Izquierda Erótica

    Hace poco leí un precioso libro llamado “El País de las mujeres”, de la nicaragüense Gioconda Belli. La autora imagina el estallido de un volcán cuyas cenizas terminan con la testosterona y sumergen a los hombres en una tremenda depresión, que les hace difícil ocupar cargos políticos. Esta catástrofe de la naturaleza lleva milagrosamente al poder a unas mujeres agrupadas en el marginal “Partido de Izquierda Erótica” (PIE).

    Muy ridiculizadas inicialmente, las mujeres de Belli explican que entienden el erotismo como algo ligado al querer y al mirar a los otros cuerpos con amor, respeto, atracción y delicadeza. Y extienden a la política de su país algo muy sencillo, que aprendieron en su más tierna infancia: el cuidado de los demás; de la casa (del país), de las personas que tienen al lado (la ciudadanía), de los niños y su crecimiento (educación); de su integridad (sanidad) y también de su vejez (pensiones). 

    Poco a poco, el PIE se va ganando el apoyo de las masas. Las cosas mejoran para hombres y mujeres en la pequeña nación antaño machista. Su política de limpieza hace más transitables las calles, se cuidan las plantas y se respeta el medioambiente. Baja el gasto en salud porque se previenen las enfermedades. Los horarios de trabajo se reducen y aumentan los ratos de ocio. La gente gasta más, se cuida el empleo, hay guarderías públicas para quien quiera; más mujeres salen a trabajar y más hombres pierden el miedo a las babas y los pañales. Ellas aprenden a confiar en sí mismas, y ocupan puestos decisivos sin que ello afecte el tiempo que pueden dedicar a los hijos, en responsabilidades y querencias compartidas en igualdad de condiciones con los hombres en casa. La gente comprende que pagar impuestos tiene su sentido, porque la casa está bien cuidada y vale la pena, y se sanean las deudas.

    EL PIE podría haber sido un invento más en el imaginativo y fabuloso mundo de Gioconda Belli. Pero proviene de una historia real; de un grupo de mujeres revolucionarias que un día, durante la Revolución Sandinista, se atrevieron a soñar con un planeta amable, escrito en cursiva y con otro orden. Crearon un foro y se pusieron manos a la obra para idear un programa político y económico que tuviera como eje el cuidado de los demás.

    Evidentemente, nunca hubo ningún tipo de catástrofe natural que pudiera poner a estas mujeres al frente. Y evidentemente la economía no es tan sencilla. Pero sí existen mujeres economistas, poco nombradas y con poco acceso al poder, que entienden la economía como si un país fuera su propia casa, y cada una de las personas que lo forman fueran sus propios hijos. Hay mucho debate en el mundo sobre el género y la economía, y toda una corriente de economistas feministas. Justamente en junio pasado se celebró en Barcelona la Conferencia Anual de Economistas Feministas.

    Mujeres cooperativistas
    Mujeres cooperativistas. FOTO: COCETA

    Por supuesto que no todo es negro o blanco. Ni todas las mujeres en la política piensan en el cuidado de los otros (si no que lo diga Angela Merkel, o Margaret Thatcher), ni todos los hombres son incapaces de incluir en sus análisis una visión conciliadora del empleo, la casa y la familia.

    Intentaremos que todas estas ideas estén incluidas y bien explicadas en Alternativas Económicas.

    Me hubiera gustado transcribir aquí algunos de los párrafos del libro dedicados al programa completo del PIE… pero lamentablemente no puedo hacerlo.

    No es que sea lo común, pero a veces hay que trabajar a deshoras y el sábado pasado hubo varias reuniones de equipo en la oficina. Como no tenía con quién dejar a mi hija porque el padre hacía rato que también había ido a trabajar, se vinieron conmigo la peque y sus juguetes (en un ambiente cooperativo donde las tareas hay que terminarlas pero la gente entiende las necesidades de los otros).

    El problema fue que al intentar subir los 25 kilos del cochecito -la nena, más sus juguetes, más los abrigos, más la comida…- el medio metro que separa el andén del tren que me lleva al trabajo, “El País de las mujeres” fue a parar a las vías y pisoteado por el vehículo, que siguió despistado su camino. No lo volví a encontrar. Otro gallo cantaría si las mujeres del PIE hubieran estado en el poder, o si tuvieran más nombre las economistas sin nombre…  O si los hombres que gobiernan hubieran estado educados igual, desde la infancia, pensando en el cuidado de los otros. Tal vez entonces todos los trenes tendrían acceso fácil con cochecito. Eso, claro, por empezar…

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