Italia se tiñe de rojo con el 70% de la población confinada

  • El poder de la revista está en TUS manos. Súmate a este proyecto cooperativo.

    Inicia tu sesión   o   Suscríbete

  • 15 Marzo, 2021
    Los niños, eternos olvidados durante la pandemia, observan en televisión a adultos que pasean tranquilamente por las calles de Roma

    Desde Italia

    Unos 43 millones de italianos se encuentran hoy como hace justo un año, con un confinamiento que se camufla bajo la etiqueta de zona roja. Se puede salir de casa solo en caso de necesidad, urgencia médica o por trabajo. Para todo lo demás, no hay excusa que valga y el importe de las multas se ha aumentado para hacer que los italianos sigan firmemente esta regla. Esta es la teoría, pero si se hace caso al número de coches y de gente paseando por la ciudad, no parece que se hayan entendido plenamente las nuevas restricciones y lejos quedan las imágenes de marzo de 2020, con las calles completamente vacías.

    "A ver, puedo ir a hacer la compra, aunque sólo necesite la salsa para la pasta que estoy preparando (un antojo, dirían algunos, pero yo considero que es una urgencia, mi urgencia). Mientras voy al supermercado paso delante del quiosco y me digo que será mejor que compre algo de lectura. Con mis revistas en la mano, veo que la tienda de electrodomésticos está abierta y decido comprarme un nuevo peso porque la última vez que me quedé en casa por unas semanas engordé un montón y esta vez no quiero excusas. También descubro que mi tienda preferida de perfumes no ha cerrado y decido comprarme un pintalabios super rojo para darme alegría... Y así podría seguir durante horas. Si salgo a la calle descubro que nada ha cambiado y no me para nadie para preguntarme dónde voy. No hay controles como sí los había en marzo del año pasado", dice Alma entre sorprendida e incrédula.

    "Mira, aquí ya estamos en zona roja desde hace una semana y nada ha cambiado", refunfuña la dependienta de un supermercado en el centro de Fabriano que, como todo el resto de la provincia de Ancona, está sufriendo restricciones desde el día 3. Con sus 30.000 habitantes, es el reflejo de lo que sucede fuera de las grandes ciudades. "Algunas personas las ves pasar tres o cuatro veces al día, te dicen que van a comprar el pan, que han ido a tomarse el café. Y lo peor es que los que te dicen estas cosas tienen más de 60 o 70 años, es decir, los que se deberían preocupar por su salud. Los controles no se hacen y no podemos ser nosotros los que denunciemos esta situación que todos conocen".

    Para evitar esos abusos, en las grandes ciudades como Roma se han multiplicado los controles de las fuerzas del orden. La capital ha pasado en tan solo unas horas de zona amarilla a zona roja, con todo lo que ello implica: todas las tiendas que no sean imprescindibles están cerradas, incluyendo los bares y restaurantes, que pueden sólo hacer servicio a domicilio o para llevar. Más controles, multas, zonas de la ciudad blindadas. La policía controlaba ya desde ayer los lugares donde más gente suele reunirse, aunque no consiguió evitar que muchos disfrutaran de forma no del todo correcta de las últimas horas de semilibertad

    "He aprovechado para saludar a los amigos, para tomar el último aperitivo al aire libre, para pasear por las calles del centro. Eso sí, cumpliendo con las normas anticovid", declara Ilaria que tiene tan sólo 26 años y se siente "encerrada" en sus "mejores años". "La última vez nos dijeron que si nos comportábamos bien podríamos abrazarnos en poco tiempo y mira lo que ha pasado. Dijeron que teníamos que estar en casa para poder estar juntos en Navidad, y no fue así. Dijeron que estuviéramos en casa para poder celebrar Pascua con la familia, y no será así. Un año sin poder llevar una vida normal, sin poder saber lo que haremos mañana, así que sí, aunque soy consciente de que ayer era una locura, que todo el mundo salía a la calle, yo tampoco quise desaprovechar mi última ocasión hasta quién sabe cuándo".

    La ministra de los Asuntos Regionales y las Autonomías, Mariastella Gelmini, recién nombrada en el nuevo gobierno de Draghi, aseguraba anoche en directo en uno de los programas de más audiencia de la televisión italiana que estas restricciones tienen las horas contadas ya que con las vacunas los italianos "serán liberados". Una afirmación que coincide con la polémica que se desarrolla en torno a la vacuna de AstraZeneca: algunas regiones han bloqueado la utilización de un lote tras la muerte de un profesor en la ciudad de Biella poco después de ser vacunado.

    La campaña de vacunación en Italia ha estado en el centro de todas las polémicas hasta el punto de ayudar a la caída al anterior gobierno de Giuseppe Conte. Con la llegada de Mario Draghi y el nombramiento del general Francesco Paolo Figliuolo al frente de un plan más rígido, Italia prevé superar la crisis sanitaria antes del próximo mes de septiembre. Pero por ahora la única solución ha sido volver a cerrar los colegios (los chicos de más de 14 años han ido a clases presenciales durante un mes desde marzo de 2020) y todas las tiendas que no sean imprescindibles. 

    Mientras tanto, para hacer que los italianos traguen la píldora con un poquito menos de dificultad, el gobierno ha anunciado, antes de que comenzaran los cierres,  todas las ayudas que va a dar. Bonos para babysitter o para la compra de ordenadores, así como la posibilidad de pedir permisos retribuidos. Toda una lista de mejoras que saben a poco porque en un año muchos no han visto todavía ni un euro de lo prometido.

    Este artículo sólo es posible con tu colaboración.
    Haz una donación

    Todavía no hay comentarios, sé el primero en opinar

    Escribe tu comentario