Los derechos de los menores en tiempo de coronavirus

  • 1 Abril, 2020

    Lo habían pedido desde varias asociaciones en una carta firmada por enseñantes y psicólogos milaneses: una hora de movimiento al aire libre “porque incluso la OMS habla de esto”. Y no eran los únicos en Italia. Esperaban la respuesta del Viminale, sede del Ministerio de Interior, que ha vuelto a avivar la polémica entre los que quieren que el confinamiento sea más flexible con los pequeños y quienes abogan por lo contrario aduciendo la defensa del interés común. ¿Por qué? Porque su respuesta ha sido tan ambigua que ha necesitado de una aclaración.

    Los mensajes desde el Gobierno vuelven a protagonizar la actualidad italiana. ¿Pueden o no pueden salir a pasear los menores de edad? Todos los periódicos anunciaban ayer un ‘sí a las salidas junto a uno de los padres mientras sea en las proximidades de casa’ y también un ‘sí al jogging’. Desde las regiones la respuesta no tardó en llegar. El gobernador De Luca, de Campania, consideraba que ese era un mensaje gravísimo y confirmaba que en su región seguirían prohibidos los paseos infantiles. Ha sido la respuesta más rotunda pero no la única.

    Tanto ha sido el revuelo que el propio Viminale ha tenido que mandar una aclaración. “Son detalles interpretativos, salir de casa tiene que estar siempre motivado”, ha subrayado. 

    “A ver, se tienen que aclarar. Esto ha sido un engañabobos desde el primer minuto. Si pueden pasear los perros, ¿por qué mi hija no puede salir a la calle?”, se queja la madre de Nicole, de 5 años. “No es fácil explicarle que tiene que estar encerrada, mientras desde la ventana ve al perro del vecino que sale tres veces al día”. 

    Valentina no es la única madre que se enfrenta a este problema. Y eso que vive en una pequeña ciudad y tiene un poco de espacio exterior para poder salir a tomar un poco de aire. El problema real lo tienen en las grandes ciudades. En Milán, la situación cambia mucho. “Yo a mi hijo no lo he dejado salir ni a la terraza. Imagínate, estamos pegados a los vecinos. Sería un contagio seguro. Por lo tanto, hace un mes que solo ve la luz del sol a través de la ventana”. 

    Paolo reconoce que trabajar mientras su hijo le pide atenciones es una empresa ardua. “Tiene tres años, no sabe hacer nada sin nosotros, ni siquiera dibujar. Así que trabajamos por turnos: o mi mujer o yo. Si necesitamos hacer una llamada en el mismo momento, pues Leo se queda delante de la tele”.

    Paolo vive en 60 metros cuadrados. Se puede considerar afortunado porque son solo ellos tres. “Nosotros somos doce, mi marido y yo, mis  suegros y mis cuñados con su hijo”, cuenta Valeria. No son la clásica familia italiana, al menos ya no. Pero estos palermitanos emigrados al norte conviven en 80 metros cuadrados. “Yo estoy agotada. Hace dos semanas creíamos que Gaia había cogido el coronavirus y estuvimos esperando durante días que vinieran a hacer el test. No te cuento cómo lo hemos vivido. Estamos todos juntos, sin salir de casa, casi siempre confinados en el salón que no llega a 15 metros cuadrados. Menos mal que ha salido negativo. Sólo nos faltaba eso”.

    Aunque Valeria hubiese querido, no habría podido saltarse las reglas del gobierno. Vive en pleno centro de una pequeña ciudad y los controles están a la orden del día.

    No es el caso de la localidad donde vive Judit. “Yo estoy cada día más alucinada. Mis vecinos han mandado todos los días a sus hijos a jugar al jardincito que tenemos frente a casa. Sí, es verdad, que con algunas medidas de precaución. Les veo que intentan estar separados. Pero siguen jugando con la pelota, manteniendo una distancia de prudencia, pero siempre juntos”.  Judit ha descubierto ahora que una de las vecinas tiene el coronavirus y hasta hace dos días, a pesar de que ya tenía fiebre, seguía mandado a sus dos hijos a jugar al fútbol con los demás.

    Mientras las interpretaciones crean las polémicas, la ministra de Igualdad de Oportunidades, Elena Bonetti, es más tajante. Asegura que el ‘después’ será muy diferente en comparación con el 'antes'. En pocas palabras, nada será igual. Habla de abuelos que todavía no verán a sus nietos durante mucho tiempo, niños que no jugarán fútbol, mujeres que volverán a trabajar antes que los demás, por ser más resistentes al virus.

    Un mundo que para muchos parece muy lejano tras cumplirse el primer mes de confinamiento. Con unas escuelas sin ninguna previsión de abrir. Con un cierre de las empresas confirmado hasta el 13 de abril. Con unos niños que cada día se preguntan si podrán volver a jugar con sus amigos en la calle.

     

    Foto portada: Gabriel Solorzano

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