Los italianos se adaptan al cierre de empresas

  • 25 Marzo, 2020

    Desde Italia

    “Mañana finalmente me podré quedar en casa con mi hijo”. Davide tiene 40 años recién cumplidos y un hijo de 4. Hasta ahora el niño se ha quedado con el abuelo  en los días pares y con la madre del niño, de la que Davide se separó hace unos meses, en los días impares. Él tenía que ir a trabajar.

    Está empleado en una fábrica que produce tejidos para empresas de moda italiana. Davide se ocupa de las ventas en el mercado de la decoración. Hoy es el último día que puede trabajar desde la oficina porque el gobierno italiano ha decretado que a partir de mañana cualquier empresa que no produzca bienes de primera necesidad deberá cerrar.

    Lleva tres semanas sin poder visitar a los clientes. “La mayor parte ya ha cerrado desde hace días y los empeados trabajan desde casa”. En Varese, Lombardía, las empresas no se habían visto obligadas al cierre hasta ahora, a pesar de que las cifras de infectados en esta región son desde el principio los más altos de Italia.

    “Este es un periodo muy extraño para nosotros, que solemos ir con dos colecciones al año y acudimos a dos ferias importantes: el Salón del Mueble de Milán, que se ha aplazado de abril a junio, y el de París, que por ahora parece mantenerse en septiembre. Todo eso nos va a pesar porque no podemos mostrar las novedades a nuestros clientes. Es probable que sigan usando los restos que les han quedado en el almacén y reciclen tejidos antiguos. Eso son pérdidas para la empresa donde trabajo”.

    Domizia, que también trabaja en el sector de la moda para una gran compañía italiana, ya hace días que teletrabaja en Turín. “Aquí nos dejaron elegir casi desde el principio”. La empresa lo fabrica casi todo en China, así que tiene muchos problemas de producción. “Al principio eran pequeñas cosas. Me faltaba el prototipo del plástico para las gafas de esquí, por ejemplo. Luego se retrasaron los pedidos, empezaron a no llegar y finalmente se produjo la orden de que no se podía importar nada desde China”.

    Enseguida la empresa de Domizia empezó a mandar a casa a algunos de sus trabajadores menos indispensables, los que sólo pueden trabajar si la máquina empresarial está en funcionamiento. Domizia tiene suerte porque ella proyecta accesorios y figura en la lista de indispensables.

    Las empresas italianas con más de 50 trabajadores pueden pedir la cassa integrazione, una ayuda  que el Estado otorga para que la sociedad no tenga que despedir y que en este momento se ha activado también para las empresas a partir de un único trabajador. Los recursos destinados ahora a estas ayudas sociales se prevé que alcancen 1,8 millones de euros, pero como explica el ministro de Economía, Roberto Gualtieri, no serán los únicos. “Es evidente que se alargarán ulteriormente, de manera que sean siempre adecuadas y suficientes”.

    Desde algunos medios como el cotidiano económico Investire Oggi  se vaticina una caída de la economía italiana mayor que la provocada por la crisis del 2007. Y nadie es capaz de prever cómo ni cuándo se podrá empezar a hablar de recuperación mientras no se haya conseguido controlar la epidemia.

    Mientras tanto, algunas fábricas se han reorganizado para adaptarse a la situación. Un ejemplo es una pequeña empresa de lingerie como la Cotton Club que se ha puesto a producir mascarillas que vende online. Otro es el de cinco empresas del sur que se han unido para pedir colaboración a la única empresa  que fabrica en Italia respiradores para hospitales, la Siare de Bolonia. Si esta les cede la patente, podrán ponerse a fabricarlos en poco tiempo. Desarrollar un nuevo proyecto llevaría demasiado tiempo, que no se tiene en este momento.

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