Mucha niebla para empezar a salir de casa

  • 8 Abril, 2020

    Salir del confinamiento no va a ser fácil ni rápido. No hay nada escrito y el único precedente, el de China, aporta alguna luz pero ha utilizado mecanismos autoritarios de difícil aplicación en una Europa democrática. Hay una imperiosa necesidad de conocer mejor hasta dónde han llegado las infecciones, pero el Gobierno deberá empezar a tomar decisiones antes de tener una idea precisa de la expansión del coronavirus en España y sin saber hasta qué punto la llegada del calor va a ayudar a controlar al patógeno.

    Aunque se sigue ofreciendo diariamente datos sobre el número de infectados confirmados (ya por encima de 140.000), no cabe la menor duda de que las cifras enviadas a la Organización Mundial de la Salud (OMS) están muy por debajo de la realidad. En el documento del Centro Nacional de Epidemiología que plantea el diseño de una encuesta que permita conocer cuánta gente porta anticuerpos del SARS-CoV-2, se reconoce que la información oficial “no incluye los casos asintomáticos, leves, moderados o incluso graves que no han tenido acceso al test diagnóstico” y que “podrían suponer en realidad más del 80%”. Eso significa que oficialmente se reconoce que hay más de 700.000 personas que han estado o están infectadas.

    Es un número elevado, pero que se queda corto si se coteja con otras estimaciones que concluyen que la epidemia ha afectado ya en España a entre dos y tres millones de personas o con el tan citado informe del Imperial College que hace 10 días ya consideraba que la cifra más probable era la de siete millones.

    Para poder despejar la niebla, el Gobierno va a poner en marcha la citada encuesta, con la que se pretende llegar a 62.400 personas de 30.000 familias para conocer provincia por provincia en qué punto está la epidemia y luego seguir su evolución, porque cada tres semanas se consultará a las mismas personas seleccionadas. Se trata de un proyecto ambicioso en el que se utilizarán los nuevos test de detección de anticuerpos, con los que se puede saber si alguien está infectado en el momento de la prueba o lo ha estado con anterioridad. Conocer esto es muy importante porque los que den positivo significará que están inmunizados y ya no podrán volver a contagiarse durante algunos meses o años.

    Los resultados de esta encuesta serán como un potente foco que permitirá abrirnos paso entre la niebla, pero no es posible conocerlos antes del mes que viene. Máxime si se tiene en cuenta que los test de anticuerpos están aún lejos de la perfección. El Gobierno británico acaba de parar su utilización porque no tienen suficiente fiabilidad. Eso después de comprar nada menos que 3,5 millones de kits.

    Así que el Gobierno tendrá que tomar decisiones sobre el progresivo levantamiento del confinamiento sin conocer la dimensión real y pormenorizada de la epidemia y sin saber si las temperaturas más elevadas de la primavera y el verano ayudarán, como sucede con la gripe, a frenar la expansión del virus. Si el calor redujera la epidemia a pequeños focos dispersos se ganarían unos meses preciosos para afrontar la próxima acometida con una preparación mejor. Si el calor no le afecta o le afecta poco, todo será mucho más difícil.

    Pese a las brumas que rodean la situación sí existen algunas certezas. La fundamental es que se ha de aumentar el número de test de diagnóstico al mayor número de personas con síntomas y a sus contactos más evidentes, para empezar a tener el conocimiento suficiente como para aislar de manera individual sin necesidad de confinar a toda la población. “Test, test y test”, como reclama la OMS. Organizar bien la logística de estos test y la puesta en marcha de recintos de aislamiento (las célebres arcas de Noé) para quienes no puedan aislarse de manera efectiva en sus domicilios es algo que se puede hacer de manera inmediata.

    También puede considerarse fácil la generalización del uso de las mascarillas. A estas alturas de la epidemia no debería ser tan complicado poner a disposición de todos los ciudadanos estas prendas. La vuelta a la normalidad social y económica en las primeras semanas va a tener que basarse en los test y las mascarillas.

    Pero hay otro elemento sobre el que se tendrá que basar la acción contra la epidemia que es puramente conceptual: asumir que se va a tener que dar un trato diferente a realidades diferentes. De la misma manera que España ha sido capaz de confinarse entera y que está claro que los portadores y sus contactos deben ser confinados individualmente, habrá que considerar también normal que puedan ser confinados pueblos, comarcas o comunidades autónomas enteras. No tiene sentido tratar igual realidades que son distintas. En Japón, por ejemplo, las medidas más drásticas de confinamiento afectan a ciudades concretas y no a todo el territorio.

    Ya hay experiencias en España de confinamientos locales, como los que se efectuaron en Álava y la Rioja después de que los asistentes a una boda en Vitoria expandieran el virus por una amplia zona de dos comunidades. Otro caso importante es el de Igualada y otras tres poblaciones catalanas, férreamente aisladas durante casi un mes desde antes de la proclamación del estado de alarma. ¿Cuántas vidas ha salvado el confinamiento de Igualada? ¿Cuántas vidas se habrían salvado si algo parecido se hubiera decidido en Torrejón de Ardoz y su entorno cuando se produjo el brote en esa zona? ¿Cuántas vidas se habrían salvado si la Comunidad de Madrid se hubiera autoconfinado una semana o diez días antes que el resto de España?

    Sólo hace falta echar un vistazo al mapa que acompaña este texto para observar que la epidemia afecta de manera dispar a las diferentes comunidades. La incidencia de la enfermedad es 10 veces mayor en la Rioja que en Murcia o Andalucía. Canarias y Baleares, dos archipiélagos, tienen también una incidencia baja. La proximidad a Madrid ha disparado los casos en las dos Castillas, sobre todo en Castilla-La Mancha. Los grandes números sin matizar hacen aparecer a Madrid y Catalunya (dos de las tres comunidades más pobladas) como los dos grandes focos de la epidemia, pero cuando se baja al detalle se aprecian matices importantes.

    Las diferentes realidades que conviven en todo el territorio español y también dentro de cada comunidad autónoma se podrán apreciar con detalle con la encuesta citada al principio, cuyos resultados tardarán en conocerse al menos un mes. Cuando entonces, gracias a ella y al uso masivo de test de detección de la enfermedad, se tenga un mapa más preciso de la epidemia se deberá pasar del uso del hacha (el confinamiento general) al del bisturí (el tratamiento diferenciado de realidades diferentes). Recuperar lo más rápidamente posible la producción va a hacer necesario actuar con mucha finura y precisión contra la epidemia. El café para todos no es la mejor estrategia aunque haya sido útil en la fase de desbordamiento que España está empezando a superar.

    Otro pilar importante para combatir la expansión del virus será la ayuda del teléfono movil para el seguimiento individual de los ciudadanos infectados y la prevención de nuevos contagios. Puede ser un instrumento muy importante, pero un mal uso de él puede afectar negativamente las libertades individuales. A este tema, ciertamente complejo, habrá que dedicarle otro artículo.

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