Se avisó reiteradas veces

  • 21 Marzo, 2020

    El último informe anual sobre preparación mundial para las emergencias sanitarias ya advertía que no estábamos preparados para una pandemia.

    FOTO: GETTY

    A raíz de la epidemia de Ébola de 2014-2016,  en mayo de 2018 el Equipo de Tareas sobre las Crisis Sanitarias Mundiales y del Grupo de Alto Nivel sobre la Respuesta Mundial a las Crisis Sanitarias, establecidos por el Secretario General de las Naciones Unidas, organizó una Junta de Vigilancia Mundial de la Preparación ante pandemias. Y en septiembre de 2019, es decir, tres meses antes de que surgieran los primeros casos de Covid19, esta junta emitió el documento “Un Mundo en Peligro”, Informe anual sobre preparación mundial para las emergencias sanitarias.

    Ya lo sabían: si había una pandemia mundial, los sistemas sanitarios del mundo no estarían preparados. La Junta encargó siete documentos para examinar el nivel de preparación: “gobernanza y coordinación; capacidades de preparación en los países; investigación y desarrollo; financiación; mejora de la confianza y la colaboración de la comunidad; preparación ante una pandemia provocada por un patógeno respiratorio de consecuencias nefastas, y gestión de la pandemia; y las enseñanzas aprendidas y las deficiencias persistentes reveladas en los recientes brotes de la enfermedad por el virus del Ébola en África”.

    El prólogo del informe es ya muy contundente: “Una combinación de tendencias mundiales, que incluye en la ecuación la inseguridad y fenómenos meteorológicos extremos, ha incrementado el riesgo. La enfermedad se encuentra a sus anchas en el desorden y aprovecha la situación: los brotes han ido en aumento en las últimas décadas y el espectro de una emergencia sanitaria mundial se vislumbra peligrosamente en el horizonte. Si es cierto el dicho de que «el pasado es el prólogo del futuro», nos enfrentamos a la amenaza muy real de una pandemia fulminante, sumamente mortífera, provocada por un patógeno respiratorio que podría matar de 50 a 80 millones de personas y liquidar casi el 5% de la economía mundial. Una pandemia mundial de esa escala sería una catástrofe y desencadenaría caos, inestabilidad e inseguridad generalizadas. El mundo no está preparado”.

    Lo peor no es la crudeza del informe, que parece prever con una exactitud inusitada lo que pasaría solo unos meses después. Lo peor es que ya lo venían diciendo anteriormente y no se había hecho caso.

    Ya en 2009, con la gripe H1N1, una comisión de alto nivel había advertido que el mundo no estaría preparado para afrontar la enfermedad si se expandía. Y luego del brote de ébola de 2014-2016, volvieron a avisar. Pero el ruego por una mayor atención, organización y financiación de los sistemas sanitarios no tuvo eco en los gobiernos. “Muchas de las recomendaciones examinadas se aplicaron de forma deficiente, o no se aplicaron en absoluto, por lo que persisten deficiencias graves”, —dice el informe de la Junta—, “Durante demasiado tiempo hemos permitido que se suceda un ciclo de pánico y abandono en las pandemias: prodigamos esfuerzos cuando surge una amenaza grave y nos olvidamos rápidamente cuando la amenaza remite”.

    Las medidas que pedían y que piden tienen que ver especialmente con la financiación: “Para mitigar las graves consecuencias económicas de una epidemia nacional o regional y/o una pandemia mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial deben redoblar con urgencia sus esfuerzos”, concluían.

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