SPD-Syriza: conexión en Madrid

  • 12 Junio, 2013
    Foto artículo: SPD-Syriza: conexión en Madrid

    La izquierda europea está tan noqueada que a veces da la impresión de que ya sólo queda redactar el bando que consagre la victoria de Angela Merkel.El fracaso inicial de François Hollande, incapaz de revertir siquiera un milímetro el programa de austeridad emanado de Berlín y ejecutado en Bruselas, parece reforzar la idea de que no existen alternativas viables a la línea que fija Merkel para el conjunto de la eurozona. De poco sirve que las alternativas existan en el campo académico y que incluso estén ganando respetabilidad: si no pueden llevarse a la práctica, no existen para la política.

    Y sin embargo, la historia no ha terminado: sólo hay que mirar a Berlín y Atenas, los dos polos de esta tragedia europea, que aún tiene capacidad narrativa para dar unos cuantos giros, al menos en teoría.

    Hacia Berlín dirige la mirada sobre todo la izquierda de origen socialdemócrata: en septiembre hay elecciones y un cambio en la cancillería le permitiría al fin poner las manos sobre el volante que de verdad conduce el vehículo europeo. Todas las encuestas apuntan a la reelección de Merkel, pero si el SPD lograra al menos reeditar la gran coalición y añadir algo de azúcar a la receta, la época de la austeridad en su versión más fundamentalista podría tener los días contados.

    Y  hacia Atenas mira en cambio la nueva izquierda emergente, surgida en buena parte de las ruinas de los partidos comunistas y alimentada por los estragos de la austeridad: Syriza es el símbolo de todas ellas, la única que ha estado realmente a un paso de conquistar el poder y acabar en la práctica con el actual círculo vicioso, ya sea por la vía de la renegociación del rescate que busca la formación izquierdista o por la de la explosión del ‘default’ con que amenazaban los “mercados”.

    Las esperanzas de los progresistas europeos están pues repartidas entre el SPD y Syriza.

    Pero existe un problema: el SPD y Syriza ni se hablan. Hasta el lunes pasado.

    La Fundación Primero de Mayo, vinculada a CCOO, y la Fundación Ebert, vinculada al propio SPD, lograron el milagro de juntar en una mesa redonda en Madrid a dirigentes destacados de ambos partidos en un acto que se celebró en el Consejo Económico y Social (CES).

    Philipp Steinberg, vicepresidente del SPD en Berlín, joven tecnócrata acostumbrado a lidiar con la gestión cotidiana en una Administración lastrada por los recortes y con un partido a la defensiva ante los avances de la antieuropea Alternativa para Alemania, de los piratas, de los verdes y de La Izquierda -¡todos mordiendo del SPD!- tendió la mano sin arrogancia, aunque ciertamente debilitada.

    Y Euclid Tsakalotos, diputado de Syriza y uno de sus cerebros económicos, con extensa  y exquisita formación académica en Reino Unido y un planteamiento global en el que todos los clásicos encajan pero que aún no ha pasado la reválida de la gestión de gobierno, recogió el guante.

    A Steinberg le escudaba Pedro Saura, portavoz del PSOE en la Comisión de Hacienda del Congreso. Y Tsakalotos tenía al lado a Joan Coscubiela, respetado diputado de ICV-EUiA de larga trayectoria sindical.

    Por raro que parezca, entre las izquierdas mayoritarias de Alemania y de Grecia –de tradiciones políticas enfrentadas y en países que ocupan posiciones opuestas en la actual dialéctica europea- hay algo parecido a un esbozo de programa común: introducir medidas contracíclicas que favorezcan el crecimiento y blinden el Estado del bienestar, analizar una posible quita en la deuda –al menos la privada-, regular los mercados financieros, reformar la gobernanza de la eurozona, emitir eurobonos, coordinar una reforma fiscal que aumente la recaudación y evite la evasión… Y manteniendo, todos, la apuesta por el euro.

    Naturalmente, las diferencias son muy superiores a este esbozo que ni siquiera ha superado aún la prueba de la concreción. El caudaloso río  entre el SPD y Syriza no ha desaparecido. Pero de repente se ha iniciado la construcción de un puente.

    El bando que consagra la victoria de la austeridad, versión Merkel, aún no puede ser publicado.

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