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El virus del nacional-casticismo

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La Comunidad de Madrid se ha consolidado como la indiscutible líder europea en contagios de covid-19. Los expertos han acabado acotando las principles causas: una desescalada demasiado rápida, la falta de médicos de familia y de rastreadores en una sanidad castigada durante años por los recortes, la incapacidad del Gobierno de la comunidad para tomar decisiones drásticas en el momento oportuno y adoptarlas cuando es tarde y sirven ya de poco. 

Son causas reales que acaban de comprenderse en toda su dimensión escuchando a la presidenta de la comunidad, Isabel Díaz Ayuso. En un escenario con dos docenas de banderas de España y Madrid proclamó el lunes ante el presidente del Gobierno: “Todo el mundo tiene familia en Madrid. Madrid es de todos. Madrid es España dentro de España. ¿Qué es si no es España? No es de nadie porque es de todos”. Más: "¿Qué le pasa a Madrid? Que es su forma de ser también. Que es esa densidad, es esa libertad. Son esos horarios. Cualquier domingo a cualquier hora uno puede comprar en cualquier tienda. Se dan circunstancias que no se dan en otras comunidades autónomas y nos haríamos trampas al solitario si pensáramos que esta capital y esta comunidad pueden ser tratadas como las demás”. Son palabras dignas de Cantinflas, con un toque final de nacional-casticismo.

El discurso de Díaz Ayuso, tan de su estilo, ha acabado de corroborar la sensación de que el gobierno de la comunidad ha abordado la epidemia de covid con la frivolidad propia de una comedia y no como la tragedia que en realidad es. Es difícil olvidar que hace solo una semana lo más importante para Díaz Ayuso era ejecutar la mayor rebaja de impuestos de la comunidad, como si la pandemia y las exigencias de gasto que conlleva no existieran. El problema con el que se han encontrado esta vez el Partido Popular y sus aliados es que el virus no entiende de propaganda ni de enjuagues y ha acabado retratando con datos inocultables las consecuencias de una pésima gestión.

Según las cifras difundidas ayer por el Ministerio de Sanidad se han producido en la Comunidad de Madrid algo más de 51.000 de los 135.000 contagios diagnosticados en toda España en 14 días, el 37% de los casos con solo el 14% de la población. Si Madrid fuera independiente (imposible porque es “España dentro de España”) sería ahora mismo el tercer país con más casos de Europa, después de la propia España y Francia y un poco por delante del Reino Unido. La población de este último multiplica exactamente por 10 la de la Comunidad de Madrid, lo que significa que tiene una incidencia 10 veces menor, a pesar de que también allí la epidemia está arreciando. En Alemania e Italia, la incidencia es más de 20 veces menor. Cuando se dice que Madrid es ahora el epicentro de la pandemia en Europa es exactamente así.

Cotejando datos dentro de España, Madrid no queda mucho mejor. Su número de casos activos es de 772 por cada 100.000 habitantes, mientras que las otras tres grandes comunidades (las de más de cinco millones de habitantes, todas con metrópolis densas) tienen incidencias entre seis y cuatro veces menores: Comunidad Valenciana, 115; Andalucía, 148, y Catalunya, 164. Entre las comundades de menos de tres millones de habitantes hay de todo: desde la fuerte incidencia en Navarra (622) hasta las buenas cifras de Asturias (98) o Galicia (114).

Para subrayar lo mucho que hace su gobierno, Díaz Ayuso cuenta que en su comunidad es donde más pruebas PCR se hacen e insinúa con ello que se detectan más casos porque se hacen más test. Lo primero es cierto. Los últimos datos del ministerio, referidos a los siete días que van del 12 al 18 de septiembre muestran que se realizaron en Madrid casi 142.000, muy por delante de las 97.000 de Catalunya y las 84.000 de Andalucía. Pero este no es el dato relevante. Lo importante es observar cuántos positivos hay en cada 100 pruebas, porque es lo que muestra si realmente se está detectando la mayoría de casos o no. Cuanto más bajo es el porcentaje, más control. Si es alto significa que se están escapando muchos contagios. La OMS recomienda que la cifra siempre esté por debajo del 5% y en Europa se procura estar por debajo del 3%. En España solo cumple Asturias (2,8%), mientras que en el extremo opuesto está, cómo no, Madrid (23,0%). De las grandes comunidades, la valenciana y la catalana están en el 8,9% y la andaluza en el 11,8%. Galicia y el País Vasco casi cumplen con la OMS con poco más del 6%. 

Madrid también destaca muy negativamente en el capítulo de hospitalizaciones. Un tercio de los internados por covid en toda España están en Madrid (3.779), que suma más hospitalizados que las otras tres grandes comunidades juntas: Catalunya (1.219), Andalucía (1.123) y Comunidad Valenciana (742). En Madrid están ya ocupadas el 25% de las camas de la región por enfermos de covid y en las zonas más castigadas el porcentaje es muy superior. Como contraste, en Asturias las camas ocupadas no llegan al 2%, en Galicia apenas superan el 3% y en Catalunya son algo más del 5%. La media española es del 9,6%.

El Ministerio de Sanidad hace semanas que recibe críticas de los expertos por no haber establecido, consensuadamente o no, una serie de baremos que comporten restricciones precisas en función de la incidencia de los contagios y que sean de obligado cumplimiento por las comunidades autónomas. De esa manera se responsabiliza también al Gobierno central del desastre madrileño. Son críticas atinadas: con criterios estrictos y claros es probable que Madrid no estuviera ahora en el pozo en el que ha caído. Pero vale la pena subrayar que, sin que esos baremos existan, la gran mayoría de las comunidades ha ido aplicando medidas oportunas para contener la epidemia. Madrid ha sido por sistema la última en aplicar cada una de las restricciones.

Esa tardanza en admitir la realidad de la epidemia se ha vuelto a poner de manifiesto con las medidas adoptadas el viernes pasado, que entraron en vigor el lunes y que incluyen un confinamiento atenuado en zonas donde viven más de 800.000 ciudadanos. La propia presidenta Díaz Ayuso apuntó ayer que las medidas adoptadas podían ser insuficientes y que las limitaciones de movilidad podrían ampliarse a toda la comunidad. Las medidas se han quedado cortas cuando apenas habían empezado a aplicarse.

La nueva oleada de la pandemia está arreciando en toda España y buena parte de Europa. En los próximos meses, con la reducción de la vida al aire llibre y una mayor convivencia en los interiores, lo lógico es que los contagios tiendan a aumentar. Todo ello hace necesario que el superfoco de Madrid sea controlado cuanto antes, pero con más medidas efectivas, por duras e impopulares que sean, y menos retórica nacional-castiza.