Accede sin límites desde 55 €/año

Suscríbete  o  Inicia sesión

Otro halcón de la austeridad ha tirado la toalla

Comparte
Foto artículo:  Otro halcón de la austeridad ha tirado la toalla

El ministro de Finanzas portugués, encarnación de los recortes, se ha ido reclamando una nueva fase de inversión.

Lo realmente interesante de la marcha de Gaspar son las razones por las que el propio interesado confiesa haber tirado la toalla, una vez ganado en Bruselas un nuevo margen de tiempo para llevar el déficit público por debajo del sacrosanto 3% del PIB ( este año, Portugal podrá llegar al 5,5%, el que viene, alcanzar el 4% y el siguiente, el 2,5%).
La austeridad que tan bien encarna la canciller Angela Merkel es un espejo de mil caras. En Europa encontramos réplicas incluso en países intervenidos, donde el precio social pagado a cambio del flotador financiero requerido no ha puesto necesariamente la cabeza gacha a gobernantes que aplican la tijera con convicción por el supuesto bien que prestan a su país. Es lo que parecía que estaba ocurriendo en Portugal, vecino europeo que percibió hace dos años 78.000 millones de euros para poder seguir funcionando, y que tenía en el ministerio de Finanzas a su pequeña Merkel: Vitor Gaspar, un halcón del rigor presupuestario, un tecnócrata partidario de la austeridad de fiar de la troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional). Pero ahora el arquitecto del plan de recortes que ha causado un malestar social en la calle sin precedentes (un 70% de los portugueses rechaza la política aplicada por el Gobierno de Pedro Passos Coelho, según las últimas encuestas) ha dimitido. “Los riesgos y retos” a los que se enfrenta su país exigen “una cohesión en el equipo de gobierno” que el afectado ya no aporta, según ha admitido por escrito él mismo. Hasta aquí, nada que señalar: es cierto que el Ejecutivo portugués no está precisamente unido ni viaja estable como una piña, condición más que aconsejable ante el actual vendaval. Acaba de verse también con la posterior renuncia del titular de Exteriores Paulo Portas (debido a la ruptura de los equilibrios de poder con su partido aliado, el Centro Democrático Social–Partido Popular), o como había quedado claro igualmente con la anterior dimisión del ministro de Asuntos Parlamentarios, Miguel Relvas, cuya formación universitaria no es un alarde desolidez.

“La repetición de los desvíos (del déficit) ha minado mi credibilidad como ministro”, afirma de entrada en su carta al jefe del ejecutivo. Porque, con toda su cura de austeridad, no lo había conseguido. 

Con un paro récord en Portugal rozando el 18%, Gaspar subraya además, la “gravedad” del problema de la falta de trabajo en su país, y sobre todo la necesidad de “una respuesta eficaz y urgente a escala europea y nacional”. Y lo afirma después de la frustrante cumbre comunitaria (frustrante en relación a las expectativas generadas para crear empleo juvenil y para estimular el crecimiento). Recordemos qué son 6.000 millones de euros para el empleo juvenil presente a más de un billón para salvar bancos. 

El ministro dimitido espeta como conclusión que ahora tocaba en una nueva fase marcada por “la inversión”. Que no se ve por ninguna parte.  El último informe del servicio de estudios de La Caixa de junio afirma que “un componente que debería, más pronto que tarde, contribuir al proceso de la recuperación es la inversión púlbica”, tocada por la consolidación fiscal. En España, ha concentrado el 38% del recorte gasto público desde 2009 hasta 2012. Pero el margen de maniobra para poder seguir reduciendo la inversión púlbica “parece muy limitado, por lo que será necesario buscar fórmulas que combinen el proceso de consolidación fiscal con un retorno gradual de la inversión púlbica, especialmente en aquellos proyectos que mejoren la internacionalización y la competitividad de la economía española”. El peso de la inversión pública en relación a la economía española, sin embargo, está previsto que en España se siga reduciendo, aunque a menor ritmo, según el programa de estabilidad presentado a Bruselas.

Vítor Gaspar
Vítor Gaspar


Volviendo a Portugal, mientras la economía decrece un 2,3%, y ya van tres años de recesión, en el Ejecutivo luso ha habido tensiones, más que lógicas si recordamos que el Tribunal Constitucional del país se ha echado las manos a la cabeza (y no una vez, sino en dos ocasiones), al considerar que los recortes aplicados exigidos por la troika y aplicados por el Gobierno de Lisboa han superado líneas rojas que no debían. Al primer ministro, Pedro Passos Coelho, le obligaron a buscar austeridad en otra parte; léase, una nube de confusión en la UE; léase, retraso; léase, impaciencia entre los acreedores; léase, presión. Las tensiones internas no sorprenden cuando incluso han aflorado entro incluso de la troika que receta la medicina, entre el FMI, menos distante de un mea culpa que Bruselas.

Últimamente, el Ejecutivo de Lisboa había respondido a la presión internacional con anuncios de una nueva escabechina de 30.000 trabajadores del sector público, un retraso de la edad de jubilación (a los 66 años). Se buscan 6.000 millones de ahorro hasta 2016. Dijo que no habría nuevas subidas de impuestos pero sí que  recortes en salud, educación y seguridad social.  Cada vez hay más protestas y resistencia social. Ya suman cuatro huelgas generales. Maria Luís Albuquerque, hasta ahora secretaria de Estado del Tesoro, releva a Gaspar.

Atención a la respuesta de la Comisión Europea: “Es esencial mantener el ritmo de las reformas”.  No se sabe si hemos entendido nada.