¿Qué puede aportar la economía social y solidaria a las ideologías transformadoras?
¿Puede existir una economía que no tenga el lucro como brújula, que ponga la vida en el centro y que, además, funcione? Frente a un capitalismo que se presenta como único horizonte posible, la economía social y solidaria lleva décadas demostrando, en la práctica cotidiana, que otra forma de producir, distribuir y consumir no solo es imaginable, sino real. A partir de este laboratorio vivo de experiencias, Jordi Garcia Jané explora qué aprendizajes concretos puede ofrecer la ESS a las ideologías transformadoras —del feminismo al ecologismo, del socialismo a los comunes— y hasta dónde llegan sus aportaciones… y sus límites.
Dos mundos que se intersecan
La economía social y solidaria (en adelante, ESS) es crítica práctica a la economía dominante. Está formada por un variado conjunto de prácticas económicas a veces de carácter socioempresarial, a veces de carácter comunitario, que priorizan la satisfacción de necesidades por encima del lucro; son gestionadas democráticamente; son independientes de cualquier entidad pública o privada; actúan orientadas por los valores de cooperación, equidad, solidaridad, sostenibilidad, inclusión y otros similares, y son promotoras de cambio social.
La ESS tiene presencia en la mayoría de estadios del ciclo económico: en la reproducción se expresa como cuidados comunitarios; en la gestión de los recursos, como bienes comunes; en la producción, como trabajo cooperativo; en la distribución y comercialización, como comercialización justa; en el consumo, como consumo responsable; en el crédito, como finanzas éticas; en la gestión de los residuos, como entidades recuperadoras, y en la circulación monetaria, como monedas sociales.
Normalmente, las iniciativas de ESS suelen adoptar la forma jurídica de asociación o fundación con finalidad social, sociedad laboral, mutualidad, empresa de inserción o centro especial de empleo y, sobre todo, de cooperativa. En cualquier caso, no se es ESS por la forma jurídica, sino por la práctica de los criterios y valores antes mencionados.
El principal valor de la ESS es que resuelve necesidades básicas de una parte significativa de las clases populares de todo el mundo. A ello hay que añadir que lo hace difundiendo una subjetividad y unas capacidades que serán imprescindibles para un proceso de transformación social.
La ESS no es otra teoría económica más, distinta a la neoclásica o mainstream, ni ninguna propuesta acabada de sistema económico alternativo al capitalismo. Más bien se nutre de las teorías y las propuestas alternativas ya existentes. Por ejemplo, en estos últimos años, la economía de los comunes y, sobre todo, la economía feminista, están cambiando la fisonomía de la ESS y haciendo que sea mucho más transformadora. Eso sí, el conocimiento extraído de las experiencias de ESS permite avalar algunos planteamientos de las economías críticas y de los sistemas económicos alternativos al capitalismo que han esbozado ideologías transformadoras como los socialismos, anarquismos, feminismos, ecologismos y otros -ismos.
Antes de examinar cuáles pueden ser estas aportaciones, debemos precisar una cosa. En tanto que la ESS la llevan a cabo las clases populares, muchas de sus iniciativas han sido influidas por las ideologías que han circulado en su seno. Es decir, el cooperativismo y el mutualismo fueron inspirados y promovidos por ideas y personas anarquistas, socialistas, etc. Del mismo modo, ideas y personas procedentes de los llamados nuevos movimientos sociales del último tercio del siglo pasado (el feminismo, el ecologismo, el pacifismo-antimilitarismo, el movimiento okupa…) influyeron e impulsaron también nuevas entidades o empresas de ESS y, con ello, la renovaron. Actualmente se da una estrecha relación entre la ESS y los demás movimientos sociales transformadores, de modo que muchas personas activistas del feminismo, el ecologismo, el antirracismo, de la lucha por la vivienda digna, crean o se asocian a entidades de ESS, con lo que la fertilización mutua de prácticas, ideas y criterios es constante.
¿Qué aprendizajes podemos extraer de la ESS que den más solidez a las propuestas de los movimientos e ideologías transformadoras en el terreno económico? He aquí algunas de ellas.
Pistas para una nueva economía
1. Es posible hacer economía bajo otro paradigma económico
La ESS es una “objetora” al paradigma económico dominante: a su homo economicus, a su asimilación de la economía al mercado, a pretender escindir la economía de la sociedad y la política. La ESS pone en el centro a las personas, no al capital. En sus iniciativas, estas se mueven por motivaciones mucho más diversas y complejas que las puramente utilitarias; sus organizaciones a veces operan en el mercado, otras fuera de él; en su quehacer incorporan criterios de reciprocidad y están muy arraigadas a la comunidad.
2. Es posible la gestión democrática de las empresas por parte de las personas productoras y/o consumidoras
Centenares de miles de entidades de ESS en todas las partes del mundo demuestran que es posible gestionar democráticamente con éxito cualquier actividad económica. La democracia que practiquen puede ser directa, representativa o una mezcla de ambas; pero, en cualquier caso, en una entidad de ESS, siempre existirá un grado de participación, de capacidad de veto y de control netamente superior al de cualquier empresa capitalista.
3. Las empresas de ESS presentan mayor igualdad salarial que las capitalistas
En una empresa de ESS, las diferencias de ingresos son, cuando existen, muy inferiores a las de una empresa capitalista que realice la misma actividad y de tamaño similar. Y se comprende: aparte de que sus miembros puedan partir de una mayor sensibilidad igualitaria, el hecho de que éstos puedan decidir sobre sus propias remuneraciones dificulta cualquier pretensión por parte de una minoría de ganar mucho más que los demás. Incluso a veces, el sueldo es fijado empleando criterios, no de igualdad (“a cada uno/a según su trabajo”), sino de equidad (“a cada uno/a según sus necesidades”).
4. Las entidades de ESS incorporan criterios y acciones “antieconómicas”… y siguen existiendo
En la ESS existen numerosos ejemplos de prácticas “antieconómicas”, según la teoría neoclásica. En tiempos de crisis, se aprietan el cinturón o reparten el poco trabajo que consigan antes que despedir a parte de sus miembros. Muchas destinan una fracción del excedente a causas sociales y mejoran sus medios de producción para ser más sostenibles o los procesos de trabajo para repartir tareas reproductivas o trabajar más a gusto, aunque ello aumente los costes o baje la productividad. En definitiva, dentro de unos márgenes, aplican otras racionalidades distintas a la económica o instrumental y, pese a ello, siguen siendo viables incluso en mercados tan abiertos y competitivos como los actuales.
5. La ESS es un terreno más propicio para lograr la equidad de género
En estos últimos años, la ESS ha ido incorporando el feminismo, su paradigma de la sostenibilidad de la vida y algunas de sus prácticas, y trata de construir organizaciones que sean más cuidadoras y habitables. Debido a su carácter democrático y más igualitario, debido a los valores que intentan practicar, debido al tipo de personas que atrae, la ESS constituye un terreno más propicio para construir organizaciones no patriarcales y lograr la igualdad de género. Con todo, la ESS todavía tiene retos pendientes en la materia.
6. Las entidades de ESS suelen ser más sostenibles
En general, las organizaciones de ESS son más sostenibles que las capitalistas. Ello se explica, entre otras razones, porque, al ser organizaciones democráticas, las personas socias ponen en juego otras racionalidades, aparte de la económica, por lo que es más fácil que incorporen las preocupaciones ecológicas. Además, la empresa de ESS tiene menos incentivos para crecer indefinidamente que la capitalista, puesto que no suele tener ánimo de lucro y además, en el caso de las cooperativas de trabajo, no extrae plusvalía al no estar formada por personas asalariadas (o pocas y temporalmente), sino por socias copropietarias que se distribuyen parte del excedente en forma de sueldos.
7. Las entidades de ESS están muy arraigadas en lo local
La ESS es particularmente idónea para las distancias cortas, lo que encaja muy bien con sistemas económicos que concedan mucha importancia a alcanzar la máxima autosuficiencia local. Las razones de este enraizamiento de la ESS también son claras. Muchos proyectos nacen para resolver necesidades de una comunidad determinada. Quienes los impulsan suelen vivir en el mismo entorno donde efectúan la actividad. Son iniciativas que movilizan los recursos locales y es más fácil que empleen a las personas del territorio. Los beneficios económicos de la actividad tienden a circular en el propio entorno. Como a menudo son iniciativas integrales, no únicamente económicas, activan la vida cultural y social del municipio, lo que genera comunidad y ciudadanía activa. Finalmente, el hecho de que los actores de la ESS suelan vivir en la localidad, los inhibe de provocar externalidades negativas y los estimula a generar otras positivas.
8. Las entidades de ESS transforman a las personas que participan en ellas
La ESS construye entornos educativos y prefigurativos. Son entornos que nos cambian como personas, haciéndonos más solidarias, más críticas, más comprometidas, y que al mismo tiempo nos hacen sentir que otro mundo es tan deseable como posible. Hay muchas cooperativas de trabajo, viviendas cooperativas con servicios comunes, grupos de crianza compartida, comunidades energéticas, colectivos de consumo agroecológico, centros especiales de empleo, etc., que son agentes de cambio cultural.
9. Algunos principios y criterios de la ESS podrían aplicarse a otras instituciones de la economía
Pongo algunos ejemplos. Podríamos imaginarnos un sector público de la economía, “a la manera de la ESS”, instituyendo la participación de las trabajadoras y las usuarias en las empresas y los servicios públicos, de suerte que convirtiéramos lo público estatal en público social. También podría ser obligatorio para cualquier empresa, fuera pública, de ESS o privada, realizar anualmente el balance social que hoy realiza la ESS. Por otra parte, si hubiera mercados para todos los bienes y servicios o solo para algunos de ellos, estos mercados podrían adoptar algunas características que adoptan los mercados sociales actuales. Si hubiera planificación de todos los sectores económicos o tan solo de los considerados estratégicos, esta podría inspirarse en las formas de planificación democrática de algunas cadenas de valor de ESS. Etcétera.
¿Qué no nos dice la ESS?
Pero las experiencias de la ESS no arrojan luz sobre algunas cuestiones que son clave para crear una economía poscapitalista. La ESS no nos dice nada acerca de cuál debe ser el rol del Estado en la economía (ni si debe existir un Estado), del papel que tienen que jugar el mercado y el plan o una combinación de ambos, ni de qué mercado y/o qué plan necesitamos. Tampoco entra en dilucidar si un país ha de adoptar una política proteccionista o bien librecambista, si debe existir un banco central ni cuál tiene que ser la política monetaria del país.
Hay otros varios “puntos ciegos” en la ESS. Tampoco podemos dar por sentado que los intereses de los miembros de una iniciativa de ESS coincidan con el interés general de la sociedad. Lo mejor para un huerto comunitario, una cooperativa de trabajo o una grupo de consumo ecológico no tiene por qué ser necesariamente lo mejor para la comunidad. Por otra parte, la ESS no ha resuelto aún cómo impedir el enfriamiento de la participación democrática cuando una entidad pasa a tener miles de miembros, aunque disponemos también de algunas experiencias que parecen haberlo evitado, así como una batería de medidas que la contrarrestan en parte.
En definitiva, la ESS no tiene la panacea acerca de muchos de los grandes interrogantes relacionados con la construcción de otra economía, pero como laboratorio cotidiano de innovación social que es nos da pistas sobre algunos de ellos y debería ser una pieza indispensable de cualquier sistema alternativo al capitalista. Ni más, ni tampoco menos.
* La versión completa de este artículo forma parte del dossier Ideologías transformadoras y economía solidaria. Intersecciones y retos, publicado por IDEARIA Lab, el laboratorio de ideas para la economía solidaria de REAS.