Aún más recetas de medicamentos

  • Los médicos críticos siguen apuntando que el marketing farmacéutico conduce las pautas de prescripciones, a pesar de los códigos deontológicos y de transparencia.

    Unidad de Farmacia en el hospital Virgen del Valme, en Sevilla. FOTO: JUNTA DE ANDALUCÍA / GARCÍA CORDERO

    Buenas noticias para los empresarios farmacéuticos. “No cabe duda de que el mercado se encuentra en fase de recuperación”, señala un artículo reciente de la Federación Empresarial de Farmacéuticos Españoles.

    La industria se siente un poco más segura. Según el último Boletín de Coyuntura (120) de la patronal Farmaindustria, el gasto en medicamentos sigue creciendo como lo ha hecho desde mediados de 2013, tras una caída pronunciada que proviene de 2010 (cuando varios decretos del Estado incentivaron en la atención primaria a recetar por principio activo en vez de la marca, o directamente el medicamento más barato).

    Farmaindustria se lamenta porque el de hoy es un crecimiento muy moderado; según sus previsiones, monetariamente por debajo de lo que aumentaría la economía.  Pero hay esperanzas.

    “Los datos del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad relativos al pasado mes de marzo muestran un incremento del gasto farmacéutico público en oficinas de farmacia acumulado a 12 meses, del 1,4% con respecto a la cifra de gasto acumulado registrada en el mismo mes de 2014”, explican. Y agregan: “Esta variación del gasto es consecuencia de un aumento del número de recetas del 0,9% y de un incremento del gasto medio por receta del 0,5%”.

    Han vuelto a aumentar las recetas que prescriben los médicos (y los costes de cada receta), por encima del crecimiento de la población, que en realidad en 2014 ha descendido en casi 50.000 personas. 

    Son buenas noticias para el sector, pero ¿son también buenas para la población? 

    La Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria denunciaba en 2012 que España era el segundo país del mundo, por detrás de Estados Unidos, en consumo de fármacos.

    ¿Por qué vuelve a aumentar el número de recetas que se prescriben cada año? 

    El aumento tan pronunciado en las prescripciones que se dio en España desde los años noventa hasta 2010 (véase el gráfico) hizo saltar las alarmas. Existe desde hace años un intenso debate sobre el papel del marketing farmacéutico en la medicina; y específicamente en la cantidad de recetas que se prescriben. Hace una década era común que los médicos de cabecera recibieran de los visitadores médicos regalos de todo tipo, incluso dinero en efectivo, por prescribir. Ahora los visitadores siguen ofreciendo agasajos, aunque se han puesto ciertos límites y no es tan fácil. Los regalos, en su mayoría, tienen que ver con invitaciones a congresos... claro está, con viajes y estadías completas, para recibir información sobre sus nuevos productos por parte de líderes de opinión, pagados por la industria.

    Hoy los médicos, especialmente los de atención hospitalaria, que tienen menos restricciones en recetas, siguen sufriendo presión comercial. 

    “Es muy descarado”, cuenta una ginecóloga que prefiere no dar su nombre. “Dicen que son actividades científicas, pero hay también regalos. Ahora, como no les interesan tanto los médicos de cabecera, buscan desesperadamente los recovecos. Nosotros tenemos en el hospital varios visitadores en la puerta cada día”.

    Abel Novoa, médico y presidente de la Plataforma Nogracias, una organización en contra de las relaciones comerciales de la medicina con la industria farmacéutica, opina que la presión publicitaria se ejerce de distinta manera: “La industria manipula la investigación, las recomendaciones de las sociedades científicas y la formación médica. Tiene mucho interés en la progresiva medicalización de la vida. También ha cambiado su estrategia comercial, centrada antes en vender muchos medicamentos para condiciones crónicas muy frecuentes como la hipertensión o la diabetes: ahora, el crecimiento de sus ganancias es gracias al fomento de la utilización de medicamentos de uso hospitalario, con precios exorbitantes, para enfermedades poco frecuentes”.

    Esta organización denuncia que a diferencia de lo que pasa con los datos de prescripción ambulatoria, publicados mensualmente por el Ministerio de Sanidad, no se conocen las cifras exactas del gasto farmacéutico hospitalario y, por tanto, no es posible el control público de la partida de gasto sanitario. 

    La industria paga viajes a médicos para que conozcan sus productos

    Los visitadores médicos reciben incentivos por metas de recetas al mes

     “No deja de ser un trabajo de venta. Tenemos que diferenciarnos de la competencia”, argumenta un visitador médico que también prefiere guardar su identidad. “Es verdad que hay presión. Hay que vender tantas unidades. Tengo un muy buen salario, pero si llego a unas cantidades de recetas hechas, a unas metas, cobro incentivos. Pero creo firmemente en lo que hago. Ahora mismo llevamos un producto para la diabetes, y tenemos un estudio que demuestra nuestras ventajas sobre los otros. Invitamos a los médicos para que nuestros científicos les expliquen que nuestro medicamento no es tan peligroso como los de los otros”.

    Todos los días hay congresos, cursos o conferencias de medicamentos auspiciados por las farmacéuticas. Farmaindustria argumenta que se trata de innovaciones muy reales, y que son ellos los responsables de hacer que la medicina avance. 

     

    BUENAS INTENCIONES

    Novoa no está de acuerdo. “La mayoría de los médicos, con las mejores intenciones, van a estos congresos, donde reciben información sesgada”, agrega. “La industria ha conseguido utilizar la ciencia para su propio interés; es una ciencia trucada. Luego, la venden como si fuera buenísima. Van construyendo consensos gracias a su enorme capacidad de influencia y finalmente consiguen que sea muy difícil diferenciar entre buena y mala medicina. El resultado es la polimedicación. Hay organismos que se dedican a criticar la mala ciencia, pero la industria es mucho más potente, y el Estado tampoco hace lo suficiente”. 

    Desde el escándalo de los años en que las prescripciones subían como espuma hasta ahora, Farmaindustria ha elaborado un nuevo Código de Buenas Prácticas en el que se prohíben los regalos, aunque se siguen permitiendo las invitaciones a congresos, y se estipula que cada com-pañía hará públicos los pagos realizados a los profesionales. La experiencia de autorregulación de la industria en otros países —por ejemplo, Suecia o Reino Unido— no ha demostrado total eficacia,  y los colectivos críticos denuncian la apuesta industrial por la transparencia como cosmética y un intento de bloquear reformas legales más exigentes.

    Las soluciones que proponen tienen que ver con una mayor regulación. Entre otras cosas, piden que se trabaje en la línea de las reformas impulsadas por la administración de Obama; la conocida como Sunshine Act. Allí tienen una web pública gubernamental en la que cualquier paciente puede buscar a su médico por el nombre y saber cuánto ha recibido de una farmacéutica y para qué. Eso, además de mejorar la transparencia de los datos de los ensayos clínicos, reduce la capacidad de influencia de la industria sobre políticos e instituciones, y supone una reforma de la ley de patentes y una reflexión ética que señale el camino de la independencia.

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