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Paraísos fiscales: la verdad incómoda

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Mayo 2016 / 36

Evasión: La megafiltración de datos del despacho Mossack Fonseca muestra que los centros ‘offshore’ forman parte del engranaje cotidiano de la globalización financiera.

Los Papeles de Panamá, la mayor filtración de la historia de la industria offshore con 11,5 millones de documentos escrutados por 107 medios de comunicación en todo el mundo por impulso del Consorcio Internacional de Periodistas, han desnudado las tripas  del oscuro bufete Mossack Fonseca,  uno de los vehículos por los que en los últimos cuarenta años ha circulado dinero opaco de todo el mundo a través del país centroamericano. Pero la gigantesca filtración no sólo afecta a este polémico despacho, fundado por el hijo de un oficial de las SS hitlerianas y un político con múltiples conexiones en el establishment panameño, sino que pone sobre la mesa una verdad incómoda:  los paraísos fiscales —zonas de baja o nula tributación y máxima opacidad— son un elemento absolutamente normalizado dentro del engranaje de la globalización financiera, con la implicación de las élites económicas, bancarias y, en algún caso, hasta políticas, por mucho que a cada nueva filtración las autoridades se lleven las manos a la cabeza y prometan luchar para acabar con ellos.

“[Los Papeles de Panamá] no son un hecho aislado, sino el fruto de la falta de voluntad política y de la regulación de este problema internacional que beneficia sólo a una minoría”, recalca en España la Plataforma por una Fiscalidad Justa, que subraya que por esta vía se pierden cada año en el mundo 600.000 millones de euros en defraudación. 

Tax Justice Network (TJN), plataforma internacional especializada en la lucha contra los paraísos fiscales, estima que la suma de dinero opaco en estas islas del tesoro oscila entre 16 y 24 billones de euros (el PIB español es de 1 billón), de los cuales en torno a 550.000 millones tendrían como origen España. 

En el mundo institucional se responde a menudo al fenómeno con la resignación del que debe afrontar una plaga bíblica contra la que nada puede hacerse. Pero hace muchos años que hay sobre la mesa todo tipo de propuestas técnicas perfectamente viables. Y alguna tan elemental como la que recordaba tras el estallido del escándalo de los Papeles de Panamá el director de investigación de TJN, Alex Cobham: “Los políticos del mundo entero que reaccionan a los Papeles de Panamá tienen que darse cuenta de que no necesitan depender de azarosas filtraciones. Podrían simplemente cerrar sus mercados —donde se desarrolla toda la actividad económica real— a cualquier entidad de una jurisdicción que no publicara registros con los dueños reales. Muy pronto se vería que éstos cambiarian de opinión [y cooperarían]”.

Estas filtraciones ayudan a entender por qué se hace tan poco contra los paraísos fiscales siendo tan grande el problema que generan a los gobiernos, ya sea por la vía de la evasión fiscal o del movimiento de dinero ilícito (corrupción, narcotráfico, etc.):  están perfectamente  integrados en el engranaje bancario de la globalización financiera y tienen como clientes a muchas autoridades (sin demasiada distinción entre dictaduras y democracia).

Los grandes bancos internacionales eran los mejores clientes del bufete Mossack Fonseca: 15.579 sociedades offshore creadas por el despacho fueron solicitadas por bancos. El primer cliente es el banco británico HSBC, que instó la apertura de 2.300 sociedades, seguido del suizo UBS, con 1.100. En cuanto a las autoridades, las filtraciones han afectado a 140 políticos, incluyendo a 12 presidentes o ex presidentes, sin demasiada distinción entre dictaduras y democracias, éstas muy bien representadas por empresas familiares del presidente argentino, Mauricio Macri, y el primer ministro británico, David Cameron, entre otros.

Algunos analistas han emplazado a Cameron a centrar en los paraísos fiscales la gran cumbre internacional anticorrupción que ha convocado para el 12 de mayo en Londres, pero los Papeles de Panamá le rozan muy de cerca: personalmente, puesto que él mismo —y no sólo su padre— tuvo participaciones en la sociedad Blairmore Holdings Inc., montada por Mossack Fonseca; políticamente, en la medida en que tres diputados y  seis lores muy próximos también aparecen en los papeles, según The Guardian; y como país: la mayoría de territorios offshore son de jurisdicción británica o vinculados a la Corona.

Ni Estados Unidos ni la Unión Europea parecen tampoco los mejores motores posibles para luchar contra los paraísos fiscales. El primero alberga uno de los más importantes centros offshore del mundo —el estado de Delaware— y como país ocupa el tercer puesto —después de Suiza y Hong Kong— en el índice de opacidad que elabora todos los años TJN a partir de 15 variables. Y la Unión Europea tiene ahora al frente de la Comisión Europea a Jean-Claude Juncker, el artífice del paso que dio Luxemburgo al pasar de ser un pequeño Estado industrial al “paraíso fiscal de los paraísos fiscales”, en expresión del economista Gabriel Zuckman, una de las referencias en la investigación de estas entidades. 

 

LISTAS NEGRAS

Luxemburgo, claro, ni siquiera aparece en la lista negra de paraísos fiscales que la UE divulgó de forma oficiosa en 2015. Ni aparecerá en la lista ya oficial ahora anunciada como respuesta a los Papeles de Panamá. Tampoco Holanda e Irlanda, enclaves de baja tributación que, desde dentro mismo de la eurozona son hubs hacia los paraísos fiscales.

La lista lista negra de la UE es ciertamente suave, pero al menos incluye a Panamá, que ni siquiera aparece en la elaborada por  España. Panamá estuvo en la lista negra española hasta 2011, pero se le exoneró coincidiendo con la adjudicación a Sacyr de las obras de ampliación del canal de Panamá, en 2011, con el PSOE en el Gobierno. La operación de blanqueo del país suramericano tras la multimillonaria operación empresarial se remató con el viaje oficial de los entonces príncipes Felipe y Letizia, que no ahorraron elogios a uno de los escasos países en el mundo que aún permitía las acciones al portador: es decir, que al propietario real de una empresa  le basta para acreditarlo mediante un documento en el que no figure su nombre.

Panamá no está en la lista negra española —ni, desde 2015, Andorra—, pese a que el secretario general de la OCDE, Ángel Gurría, acaba de referirse al país centroamericano como “el último gran resistente que sigue permitiendo a los fondos esconderse de los impuestos y el cumplimiento de la ley”.

También en España se da la tendencia mundial de que los paraísos fiscales forman parte del engranaje habitual del día a día a todos los niveles. Según el último informe anual del Observatorio de Responsabilidad Social Corporativa, que analiza las memorias empresariales de 2013, un total de 32 de las 35 empresas del Ibex tienen presencia en paraísos fiscales, tomando como referencia una lista de 72 plazas offshore que agrega las listas negras de la OCDE, la UE y TJN. El número de sociedades asciende a 540, con un aumento del 15,6% con respecto al ejercicio anterior, lideradas por ACS (141), el Banco Santander  (81) e Iberdrola (61).

32 de las 35 empresas del IBEX operan en paraísos fiscales

España sacó a Panamá de su lista negra en 2011 con las obras del canal

La detonación de los Papeles de Panamá en España ha afectado a decenas de personalidades, desde la tía del Rey hasta el ministro de Industria, José Manuel Soria, que acabó dimitiendo tras tener que asumir la evidencia de que sus empresas familiares operaban offshore. La paradoja es que Panamá sigue sin estar en la lista española de paraísos fiscales. Y ni siquiera una detonación como la de Mossack Fonseca ha servido para abrir el debate sobre la incómoda verdad de que dejó de estar en la lista coincidiendo con una adjudicación.