La inquietud por la competitividad puede con la ambición climática europea
La UE relaja su política verde, entre el negacionismo de Trump y el avance ultra en casa. Nada cambia sobre el papel, pero su credibilidad como paladín medioambiental se resiente de su nuevo pragmatismo
En la cumbre internacional del clima de Belém, que terminó sin ningún compromiso para dejar atrás los combustibles fósiles, principales causantes del cambio climático, la Unión Europea no exigió una hoja de ruta para el abandono del petróleo, el gas y el carbón. Sí lo hicieron algunos de sus miembros, como Alemania, España, Francia o Suecia. Por comparación con el negacionismo climático de la Administración Trump, la UE, cuarto emisor global (tras China, EE UU e India), aún puede hacer gala de liderar la lucha contra el calentamiento global, pero el bloque se resquebraja y la ambición ambiental es como un queso de gruyer.
Ayudas a la energía fósil
Excepciones, retrasos, horquillas, rebaja de exigencias. La estrategia verde europea se ve salpicada por ellas, en nombre de la flexibilidad, del realismo, del pragmatismo, de no perder competitividad, de quitar burocracia, del menos es nada.
No es fácil desmontar un modelo de producción y consumo global basado en el petróleo, el gas y el carbón. No obstante, transformarlo en otro que descanse en las energías limpias no casa con seguir ayudando a las principales...