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Los retos franceses con los pequeños

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Mayo 2016 / 36

El Gobierno francés ha aumentado las plazas de guardería, pero no lo suficiente. El permiso de paternidad es largo, pero mal remunerado, y lo cogen en un 96% las mujeres.

ILUSTRACIÓN: PERICO PASTOR

Guardería, niñera, permisos de maternidad: ¿quién se ocupa del niño? La duda tortura a muchos padres jóvenes. Pero también interesa a los poderes públicos. Desde hace dos décadas, éstos son conscientes de que los temas ligados a la primera infancia son fundamentales para resolver algunos problemas sociales. La igualdad hombre-mujer figura, evidentemente, a la cabeza de ellos: el cuidado de los niños sigue estando hoy en Europa mayoritariamente a cargo de las mujeres, lo que las penaliza en su carrera profesional. 

La lucha contra la precariedad y la pobreza también está ligada a este asunto. En efecto, la escasez  de guarderías y asistentes maternales  lleva a las mujeres, en especial a las menos cualificadas, a tomar permisos por maternidad largos, lo cual aumenta sus problemas en el mercado laboral. Por no decir que las empuja a la inactividad laboral y a depender de la renta mínima. De ahí el riesgo de un aumento de la pobreza para esas madres, sobre todo si además han sufrido una ruptura conyugal. Esta pobreza, evidentemente, tiene consecuencias para el bienestar... de los niños.

Por último, la lucha contra las desigualdades escolares. Numerosos estudios han demostrado que, gracias a las numerosas interacciones que se  ejercitan en ella, la custodia colectiva favorece el aprendizaje de un vocabulario más rico y desarrolla la confianza en sí mismo y la capacidad de comunicación del niño. Ello facilita su integración en la escuela, especialmente en el caso de los niños que viven en el seno de familias pobres. A ellos, les ofrece potencialmente un futuro escolar mejor... algo que en el caso de Francia significa un futuro mejor a secas.

La implicación del padre favorece el desarrollo cognitivo del niño

La remuneración de la baja es de menos de 400 euros mensuales

Además de su aspecto logístico (solucionar con quién se queda el niño) y de promocionar la igualdad hombre-mujer, las políticas para la primera infancia deberían ser auténticas políticas “de inversión social”. Esta perspectiva invita a prevenir tempranamente los problemas sociales (abandono escolar, paro, delincuencia...) en lugar de tener que intentar solucionarlos cuando ya han ocurrido. Esta es fundamentalmente la razón por la que la Unión Europea o la OCDE incitan a invertir en la primera infancia a través de dos ejes principales.


ESCASEZ DE PLAZAS

El primero es el desarrollo de modos de custodia colectivos. Desde este punto de vista, Francia se encuentra en una situación contrastada: por un lado, como otros países europeos, ofrece plazas en escuelas a partir de los tres años. Por otra, antes de esa edad, el número de plazas de custodia colectiva para los niños (guarderías, guarderías por horas, parvularios...) no aumenta lo suficientemente deprisa como para satisfacer la demanda, y sólo una minoría de niños tiene acceso a ellas. 

Sin embargo, no será por falta de “planes de guarderías”: desde el año 2000 ha habido ocho. En 2013, el Gobierno lanzó un plan quinquenal de creación de 275.000 plazas para los niños menores de tres años, de las cuales 100.000 en guarderías y 75.000 de preescolarización para los niños de dos años en las escuelas primarias. Por razones financieras, evidentemente, pero también debido a la falta de coordinación entre los actores –Caja de subsidios familiares,  ayuntamientos, Ministerio de Educación...)–, todavía no hay resultados. De hecho, estos últimos años, el aumento de la posibilidad de custodia descansa únicamente en las asistentes maternales. Pero esta profesión pasa también por dificultades.

El segundo eje es la reforma del permiso de paternidad, sobre el modelo de los países nórdicos, especialmente de Suecia (véase 'Los tres meses de papá'). En otras palabras: un permiso más corto (para no apartarse mucho tiempo del mercado laboral), mejor remunerado y compartido entre la madre y el padre para incitar a estos últimos a acogerse a él, pues la implicación del padre no sólo alivia a las madres, sino que tiene también efectos positivos sobre el desarrollo cognitivo y el bienestar en general del niño. 

El permiso de paternidad a la francesa está en los antípodas de este modelo. Largo (seis meses para el primer hijo, pero hasta tres años a partir del segundo), bastante mal remunerado (menos de 400 euros mensuales para un cese total de la actividad, además de una prestación  base inferior a 200 euros), afecta casi exclusivamente a las mujeres: en 2013, menos del 4% de los permisos de paternidad los cogieron los padres, mientras que este porcentaje asciende hasta el 40% en los países nórdicos o en Portugal.

Su efecto desincentivador sobre el trabajo de las mujeres está demostrado, especialmente para las que tienen pocos estudios. En 2010, un informe de la Dares, el instituto público de estadísticas sobre el mercado laboral, mostró que el índice de actividad de las mujeres poco diplomadas (sin estudios o únicamente con el certificado de estudios primarios), que era del 80% cuando no tenían hijos, caía al 38% cuando tenían dos y el más pequeño era menor de tres años. En la misma situación, el índice de actividad de las mujeres con estudios secundarios y el que las que tenían estudios superiores eran respectivamente del 58% y el 79%.

Para luchar contra este fenómeno, en 2014 se aumentó en un 15% la remuneración del permiso cuando se cogía a tiempo parcial. Los efectos de esta medida han sido evidentes. Pero son fundamentalmente las mujeres diplomadas y bien insertadas en el mercado laboral las que han respondido a este incentivo, sin duda porque les permitía conciliar a menor coste vida familiar y vida profesional. 

Según un estudio del Instituto Nacional de Estadísticas  y Estudios Económicos (Insee), el 39% de mujeres que no cogieron el permiso a tiempo completo habían optado por otra solución porque este permiso no estaba suficientemente remunerado, y el 16% porque les habría planteado pro-blemas (de despido, de carrera...) en su trabajo. 


LA IGUALDAD MUJER-HOMBRE, ¿ESCUDO DE LA AUSTERIDAD?

El Gobierno francés, obligado por una directiva europea, llevó a cabo en 2014 una nueva reforma de apariencia más radical. Desde el 2 de enero de 2015, el permiso se comparte entre los dos padres (de ahí su nombre de “prestación compartida de la educación del niño”). 

En los países nórdicos y en Portugal, los padres cogen el 40% de la baja

Muchas mujeres con pocos estudios dejan de trabajar al tener hijos

En el caso del primer hijo, cada padre tiene derecho a seis meses de permiso de paternidad. A partir del segundo hijo, cada padre podrá recibir la prestación de permiso de paternidad durante veinticuatro meses como máximo y antes de que el niño cumpla tres años. Es decir, que las madres ya no podrán coger más de dos años de permiso y el tercero lo tiene que coger el padre si no lo quieren perder.

Si la intención parece loable y conforme a las políticas europeas, esta reforma se queda corta, pues deja intactas la excesiva duración y la escasa remuneración del permiso. “El Gobierno hace recortes escudándose en la lucha contra la desigualdad mujer-hombre”, opina la economista Hélène Périvier. “Está claro que, con las indemnizaciones actuales, muy pocos padres dejarán de trabajar para ocuparse de su hijo, lo que significará un ahorro de gasto público. Resultado: no sólo no se va a incentivar que los dos padres compartan las tareas, porque los hombres no cogerán el permiso que se les ha reservado, sino que, además, se va a aumentar los problemas de las mujeres porque se les reduce la duración del suyo”. Es muy probable, pues, que a comienzos de 2017, cuando las primeras madres acaben su permiso según la “nueva fórmula”, se produzca un embotellamiento en las guarderías y en las asistentes maternales. ¿Alguien ha mencionado la palabra incoherencia?