Infalibles

  • Julio 2013
    Olli Rehn, comisario europeo de Asuntos Económicos. FOTO: EUROPEAN PARLIAMENT

    "Es necesario que todo cambie para que nada cambie”. Los responsables europeos podrían meditar sobre la célebre máxima de El Gatopardo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa. En efecto, estas últimas semanas han cambiado muchas cosas en Europa. Sin embargo, como en la aristocrática y decadente Sicilia del príncipe de Salina, nada de ello parece susceptible de trastocar la rutina de los discursos, los protocolos y las creencias. 

    Evidentemente, todas estas decisiones no generan una reactivación, y no bastarán, ni con mucho, para que finalice la crisis; pero marcan una sensible inflexión de la política, por no decir un giro. Sin embargo, por más que se aguce el oído y se analicen las declaraciones de unos y otros, da la impresión de que estuviera prohibido verbalizarlo. Todos se mantienen en sus trece. La canciller en campaña no ha movido una pestaña e incluso se ha permitido expresar ciertas reservas sobre la política del BCE. En París, el jefe de Estado jura por lo más sagrado que mantendrá el rumbo. Para la Comisión Europea, tampoco se mueve nada: Olli Rehn, el muy perspicaz comisario europeo de Asuntos Económicos, que había promocionado los estudios de Carmen Reinhardt y Kenneth Rogoff antes de que unos estudiantes rigurosos los hicieran añicos, se contenta con explicar que hay que proseguir con las reformas estructurales e intensificarlas.Por fin se ha puesto freno a  la loca carrera en pos de la austeridad de estos últimos años, y no únicamente por la presión de una Grecia exangüe, de una  España puesta de rodillas o de una Italia amenazada de inestabilidad política. Incluso Holanda, celosa defensora hasta ayer de la ortodoxia, ha tirado la toalla y ha pedido una tregua.  Francia, ante la sorpresa general, ha obtenido un plazo de dos años, el doble de lo que pedía. Por otra parte, en el ámbito de la política monetaria, el Banco Central Europeo (BCE), a través de su presidente, Mario Draghi, ha decidido bajar su tipo de referencia. A todo ello hay que añadir que, en Alemania, los salarios están subiendo —especialmente y sobre todo en la industria.

    Los responsables europeos han gestionado muy mal la crisis

    Urge un compromiso entre solidaridad y responsabilidad

    En pocas palabras, quienes esperaban un gesto de autocrítica o incluso el inicio de una confesión de culpabilidad se quedarán con las ganas. Como la del papa, la infalibilidad de los responsables europeos no tolera excepción alguna.  Sin embargo, no cabe duda de que esa gente ha gestionado muy mal la crisis, y que ha llegado la hora de acudir ante  la opinión pública y explicar lo que se está haciendo y hacia dónde se va. 

    Desde ese punto de vista, por una vez y sin que sirva de precedente, François Hollande, tras Enrico Letta en Roma, ha tenido al menos la iniciativa de proponer una vía de apertura durante su rueda de prensa del pasado 16 de mayo: ha propuesto un nuevo esfuerzo de integración europea y ha tendido la mano a Alemania. Habría mucho que decir sobre las propuestas del jefe del Estado francés, sin duda ya sabidas y no tan audaces como se ha dicho. Pero, además de tener el mérito de existir, sitúan el debate en el terreno correcto: el del compromiso entre solidaridad y responsabilidad.  Es este compromiso el que los europeos deberán precisar en los próximos meses.

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