Thierry Pech

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    Los franceses están de mal humor. Desde la vuelta del verano, cada semana nace un nuevo movimiento que añade una piedra más al muro del descontento.

    Sé perfectamente que, cuando se trata de las migraciones, es mucho más fácil indignarse que hallar soluciones. Pero también sé que no se puede reducir a quienes un día emprenden el camino del exilio a unas cifras en un registro administrativo.

    Angela Merkel ha sido reelegida en septiembre, como estaba previsto, e incluso con
    mejores resultados de los esperados. Toda una noticia en una Europa en crisis en la que,
    desde hace cuatro años, cuando a un dirigente le toca salir, el electorado lo saca, en ocasiones en medio del abucheo general.

    Los presupuestos de 2014 tendrán en cuenta la ecología? Como buen táctico, el presidente francés, François Hollande, conoce todos los escollos de esta cuestión. 

    Para sorpresa general, las últimas grandes movilizaciones sociales no han surgido en una Europa golpeada por la crisis, sino en esa parte del mundo en la que se suponía que el desarrollo económico esparciría por mucho tiempo el buen humor y el optimismo.

    "Es necesario que todo cambie para que nada cambie”. Los responsables europeos podrían meditar sobre la célebre máxima de El Gatopardo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa. En efecto, estas últimas semanas han cambiado muchas cosas en Europa.

    El plan de moralización de la vida pública puesto en marcha en Francia tras el caso Cahuzac [el ex ministro socialista de Hacienda imputado por fraude fiscal] ha levantado pasiones.

    La actualidad económica nos da pocos respiros para reflexionar sobre nuestro oficio y nuestro papel. Sin embargo, de vez en cuando hace falta dejar reposar el bolígrafo. 

    Estaba prometido, jurado, era inviolable, irreversible… ¡y después  finalmente no! A pesar de los compromisos cien veces repetidos, el déficit público francés no se situará por debajo del límite fatídico del 3% del producto interior bruto (PIB) en 2013.

    El mes pasado se cumplieron 50 años de la firma por Francia y Alemania del Tratado del Elíseo: ambos países, que con tanta frecuencia habían luchado entre sí, decidían unirse para trabajar a favor de la paz y la prosperidad del continente.

    Alternativas Económicas no es la hija de Alternatives Economiques: ¡es su hermana! Y en un momento en el que Europa necesita tanta solidaridad, el hecho de ver cómo la fraternidad supera las fronteras es una fuente de alegría inestimable.