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Muchos pequeños granitos, un arenal

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Marzo 2016 / 4

Ya no podemos mirar hacia otro lado. El cambio climático está aquí. Es hoy. Nunca como en los últimos diez años se habían vivido tiempos tan calurosos. Los períodos de sequía y las lluvias torrenciales comienzan a ser parte de nuestra vida cotidiana. Y eso que los países que más sufren el cambio climático son los que menos la causan, como todo el África subsahariana y algunas islas del Pacífico (responsables sólo del 5% de las emisiones de CO2).

Los gráficos sobre el calentamiento global (véanse al final del artículo) son contundentes. Si se mira la Curva de Keeling, del Observatorio de Mauna Loa de la Red para la Detención de los Cambios Atmosféricos (https://scripps.ucsd.edu/programs/keelingcurve), el dibujo es escalofriante. Con las mediciones desde hace 800.000 años (se pudieron verificar gracias a los trabajos geológicos), se ve que la curva se duplica históricamente en los últimos sesenta años. En perspectiva, la línea de ascenso de concentración de CO2 es casi vertical. Es evidente que hay que hacer algo, y que es urgente.

Los científicos estiman (la opinión es casi unánime), que si no se hace algo para frenarlo, para el año 2100 la temperatura global aumentará  hasta 5,8 ºC.  Esto produce varias cosas. La subida del nivel del mar podría dejar inmersas en agua a las ciudades costeras, donde se concentra una gran parte de la población del planeta. Pero esto no es sólo cuestión de refugiarse en las montañas o construir ciudades flotantes. El cambio climático viene acompañado de una alteración en los sistemas atmosféricos que implica borrascas, anticiclones, y otros, y que pueden ser causantes de todo tipo de catástrofes. 

De no hacer nada, lo único que puede salvarnos es encontrar otro planeta donde ir a vivir.


¿POR QUÉ SUCEDE ESTO?

La página divulgativa Energía y desarrollo sostenible, de la UNED, expone un extenso trabajo de explicación sobre cómo se produce el cambio climático. 

“Las sociedades humanas generan un importante impacto en el medio ambiente, como resultado de sus actividades. La agricultura, la ganadería y la pesca, la minería, la industria o los servicios son los responsables de lo que la mayoría de las veces se traduce en un grave deterioro —resumen—. La producción y el consumo de energía generan efectos que se manifiestan en forma de calentamiento global, contaminación atmosférica, lluvia ácida, contaminación radiactiva y vertidos de hidrocarburos, entre otros, dando lugar a graves afecciones medioambientales”.

La atención se centra, además de en la producción y el consumo, en las actividades extractivas de determinadas fuentes energéticas, en el impacto del transporte y en los procesos de tratamiento hasta su destino final: nosotros.

La atmósfera se divide en capas esféricas a partir de la distribución vertical de la temperatura (troposfera, estratosfera, mesosfera y termosfera). “La troposfera es la más cercana a la Tierra y donde ocurren los fenómenos importantes desde el punto de vista meteorológico: vientos, anticiclones, depresiones, frentes, huracanes, nubes de lluvia, etc.; en su parte inferior, conocida como capa límite y que no suele sobrepasar los 2-3 km, se producen principalmente los procesos relacionados con la contaminación atmosférica”, agregan.

Los agentes contaminantes presentes en la atmósfera pueden ser de origen tanto natural como artificial. Por ejemplo, los gases de los volcanes o los incendios forestales naturales son contaminantes atmosféricos; pero la forma de contaminación que más efecto tiene en la atmósfera es la causada por nosotros.

Los gases producidos por la combustión del carbón, petróleo y gas son los que tienen mayor impacto

Si no se hace algo, en 2100 la temperatura global podría aumentar hasta 5,8 grados

La subida del nivel del mar puede devastar las ciudades costeras, además de otras catástrofes

La gran importancia que se le da a la contaminación atmosférica tiene que ver con su impacto sobre el clima y porque transporta los contaminantes a otros medios como el suelo o el agua.

“El mayor impacto, y el que más preocupa globalmente, es el causado por la emisión a la atmósfera de los gases producidos en la combustión de la madera y, sobre todo, de los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas)”.

Esta combustión genera gases de efecto invernadero, como el dióxido o el monóxido de carbono, gases precursores de la lluvia ácida, partículas, que incluyen en ocasiones metales pesados; y otras reacciones químicas que originan problemas como la lluvia ácida y el smog fotoquímico.

Los efectos de la lluvia ácida se hacen sentir sobre las aguas continentales (los animales acuáticos no sobreviven en medios tan ácidos); las masas forestales, que sufren vulnerabilidad ante las plagas; las cosechas y los suelos agrícolas, y otros.

Las emisiones contaminantes del tráfico urbano y los efectos de las radiaciones solares, el llamado smog fotoquímico, se presenta en las grandes ciudades. “Se origina a partir de los óxidos de nitrógeno, procedentes fundamentalmente de los tubos de escape, y los hidrocarburos presentes en el aire”, agregan en la UNED. “Su componente más dañino es el ozono troposférico O3 (...), que provoca irritaciones en las mucosas, en los ojos y en el sistema respiratorio y daña seriamente a la vegetación.

También es importante el impacto de la industrialización, en los últimos doscientos años: el consumo de combustibles fósiles, que libera grandes cantidades de CO2, es el principal responsable de las concentraciones de este gas.

Por otro lado, el aumento de la población humana ha supuesto un crecimiento paralelo en las necesidades de tierra cultivable, lo que ha comportado que se talen o quemen grandes extensiones de bosques.

La comunidad científica cree que de no tomarse las medidas adecuadas y continuar creciendo al ritmo actual las concentraciones de contaminación, especialmente el CO2, principal responsable del calentamiento global, se duplicarán entre 2030 y 2050.

Aun cuando existan mecanismos para volver atrás, y aunque se logre estabilizar la proporción de dióxido de carbono en la atmósfera, la temperatura del planeta seguirá aumentando, y con ella el nivel del mar, durante siglos. 


LOS ESTADOS

Los gobiernos, con sus políticas, son los principales responsables de frenar la evolución del cambio climático. En el último encuentro de París los gobernantes se pusieron como meta conseguir que el aumento de la temperatura media del planeta a final de siglo se quede “muy por debajo” de los dos grados con respecto a los niveles preindustriales. También se apunta a que se deben hacer esfuerzos para que “no se superen los 1,5”. El acuerdo es muy ambicioso, pero… legalmente la puesta en práctica no es vinculante (aunque tengan que presentar planes para reducir las emisiones).

De no tomarse las medidas correctas, la contaminación podría duplicarse entre 2030 y 2050 

Desde los años sesenta  hasta hoy hemos duplicado la concentración del CO2 de toda la historia 

El problema, como se podrá ver en cada una de las explicaciones del Extra sobre por qué es importante cambiar la forma en que vivimos, es que las leyes y las políticas sobre agricultura intensiva, energías fósiles, materiales contaminantes, etc., siguen permitiendo prácticas que dañan el ambiente, además de producir una enorme injusticia social.

Nada hace ver que realmente hay sobre la mesa un cambio profundo en la política. Por ejemplo, siguen estando permitidos los electrodomésticos con menor calificación energética; bajan los niveles de contaminación en Europa, pero se permite entrar productos muy contaminantes realizados en China; se promueven la agricultura y la ganadería intensiva, sabiendo toda la contaminación que producen, en lugar de hacer que la agroecología sea la regla. Y España prefiere pagar por la contaminación que llevar a cabo políticas serias para combatir las energías fósiles permitiendo, por ejemplo, que la gente ponga libremente energía solar en sus tejados.


NUESTRO GRANITO

Relata un dicho popular: “No somos gigantes, pero entre todos podemos hacer algo grande”. Nuestro pequeño granito de arena puede servir para ayudar a revertir la contaminación y el cambio climático. Hay pequeños cambios en nuestra forma de vivir que pueden influir definitivamente en la evolución del clima y hacer que los daños sean menores.

Hay pequeños cambios en nuestra forma de vivir que pueden influir mucho en la evolución del clima

Podemos intentar utilizar energías renovables, mejorar la eficiencia energética de nuestras casas; reciclar, acudir a los mercadillos o a las páginas de productos usados para dar doble vida a los muebles, tener cuidado con el uso del agua, comprar productos de temporada, de agricultura ecológica de cercanía, comer menos carne (además, cuidando nuestra salud), no tirar comida, hacer compost, utilizar más la bicicleta, preferir el tren que el avión si se puede, reutilizar el papel y no imprimir si no hace falta, ducharse en vez de bañarse… 

Hay más iniciativas, como exigir a los gobiernos que actúen de verdad para frenar lo que se avecina. Y realmente hacer una reflexión profunda para ver si necesitamos vivir como vivimos. Tal vez acumular tantas cosas nos ata más de lo que nos libera. Tal vez tendríamos que comprar menos… 

En este Extra hemos querido incluir muchas ideas para vivir ecológicamente; aunque claramente nos hemos quedado cortos. No hemos hablado de la pobreza y la inequidad, que están intrínsecamente ligadas a la ecología. Es imposible abarcarlo todo. Tendríamos que haber escrito un libro gigante.  En cambio, les hemos querido dar algunas de las pautas prácticas más importantes, y les invitamos a profundizar, a visitar los sitios de las personas y organizaciones expertas, en cada caso, que hemos clasificado en los apuntes y en el directorio que se encuentra en la parte final del libro.

Cada pequeño acto cuenta. Muchos pequeños granitos hacen un arenal.