En noviembre de 2008, la reina de Inglaterra, durante una visita a la London School of Economics, preguntó a los profesores de Economía cómo no habían sido capaces de prever la crisis financiera que acababa de producirse en la economía occidental. La respuesta de uno de ellos fue que, aunque había indicios sobre los desequilibrios de los mercados, no había sido posible predecir ni el momento del estallido ni la magnitud de la recesión.
Claro que hubo economistas que avisaron sobre el recalentamiento de las economías y sobre los peligros de la burbuja inmobiliaria y financiera, pero, en mitad de la fiesta, a nadie le gusta oír que la música está muy alta o que a lo mejor estaría bien parar y empezar a recoger y limpiar.
Por si en los próximos años la reina Leticia se acerca al departamento de mi instituto, dejo aquí escrito que una nueva crisis se avecina en la economía mundial. Es más, voy a dejar tinta sobre papel (o píxel sobre pantalla si lees la versión digital), que en torno al 2033 se van a volver a encender las alarmas de la crisis económica, veremos que los telediarios abren de nuevo con noticias de la...