Los mercados de abastos (me refiero a los que venden frutas, verduras y otros alimentos y no a los que se han turistificado para ofrecer sushi o productos gourmet) son un ejemplo muy claro de los efectos positivos que ha propiciado la globalización, pero también, si investigamos un poco, nos muestran sus contradicciones y los problemas que esta ha generado sobre las personas y sobre el medio natural.
Es una suerte poder abastecernos de productos de forma segura, sin miedo a una cosecha mala o a una plaga puntual. Es un lujo poder acceder a todo tipo de productos, incluso aunque no sean de temporada, o conocer otras exquisitas frutas o verduras que no se producían tradicionalmente en nuestras latitudes.
La cara b
Pero la cara oculta de los mercados globalizados tiene también bastantes aspectos que no son dignos de celebración: el control de las empresas de semillas limita la biodiversidad y cuestiona algo tan vital como la reproducción natural de las diferentes variedades. Ese mismo control se percibe en el uso de pesticidas y fertilizantes químicos que agota la tierra y que envenena nuestros menús y los acuíferos.
Y no se...