Un aviso de crisis de epilepsia cambiaría vidas

  • La determinación y la motivación del padre de una niña con epilepsia han sido el motor principal que explica la historia de MJN. Se trata de un proyecto cofundado por dos ingenieros y un economista que llevan años intentando desarrollar un dispositivo que permita avisar a las personas que sufren la enfermedad de que, en pocos minutos, van a tener un ataque. Esta alerta puede significar parar el coche si se está conduciendo, avisar a un cuidador, no cruzar la calle, evitar lesiones por caídas, vivir con mayor seguridad.

    "La epilepsia es una enfermedad estigmatizada y supone un alto impacto emocional. Hay miedo a relacionarse. No se dice en el trabajo. Los niños no quieren ir al colegio, por vergüenza. Y hoy, por estudios que hablen de ello, no existe en el mercado nada parecido a una solución tecnológica que permita avisar de que va a producirse una crisis", explica Salva Gutiérrez, consejero delegado y responsable financiero de MJN. Tras los primeros tanteos, se constituyó una sociedad con este fin en 2014. David Blánquez, el padre citado al inicio, reclutó a dos amigos, Xavi Raurich y Gutiérrez, para pilotar la iniciativa, que hoy emplea ya a nueve personas y que, según sus impulsores, en breve culminará años de esfuerzos.

    PERICO PASTOR

    MJN ha captado la atención de los inversores de impacto social, porque aúna consecuencias sociales de amplio calado y la expectativa de elevada rentabilidad. Más de 700.000 personas padecen o han padecido epilepsia en España a lo largo de su vida, según la Federación Española de Epilepsia. "Queremos un proyecto global, para que el impacto sea global. Y sin rentabilidad económica no podemos escalarlo. Impacto y rentabilidad van juntos. Somos una start-up, llevamos seis años sin ningún ingreso. El riesgo se prima", explica Gutiérrez.

    En busca de 4,5 millones

    El balance de la empresa lo constituyen entradas de capital o subvenciones y la investigación y el desarrollo, que los fundadores esperan se amortice cuando la I+D se convierta en una realidad comercial. Hasta ahora, el proyecto ha conseguido en varias fases un total de 3,3 millones de euros: una primera ronda de amigos y familiares que juntaron 100.000 en 2016; una segunda ronda posterior con inversores liderados por Ship2B, por importe de 600.000, más 150.000 de la sociedad pública ENISA; una combinación de préstamo en condiciones favorables y subvención (Retos Colaboración) de casi medio millón más. Y, en 2019, 1,8 millones del programa europeo Horizonte 2020. Además, vía premios y concursos ganados en España, Alemania y EE UU les han hecho llegar 200.000 euros más. Hoy, buscan 4,5 millones más para empezar la comercialización de su herramienta en España, Países Bajos y otros países europeos y, sobre todo, para dar el salto a Estados Unidos.

    MJN cree que, para ser global, el proyecto debe ser muy rentable

    "Es tal la innovación que planteamos que el gran reto, más que convencer a inversores, ha sido lograr que nos escuchen científicos y médicos", apunta Gutiérrez. A base de ensayos han ido superando etapas. Ya tienen la ISO de calidad correspondiente y la licencia de fabricante de la Agencia Española del Medicamento. El salto comercial está a expensas del marcado CE que requiere todo dispositivo electrónico. Los preacuerdos con proveedores están ya atados. Y el diseño, a punto.

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