Francesc Reguant*

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    Tras ocho años de relativa calma los precios de los productos alimentarios básicos vuelven a alborotarse. Desde el 30 de junio de 2020 hasta el 15 de enero de 2021 el maíz se ha incrementado un 57,03%, el trigo un 37,84% y la soja un 60,21%. El crecimiento se ha acelerado en diciembre y sobre todo en 2021. Los quince primeros días del año acaparan más de una cuarta parte del incremento. No se trata de un tema menor. Los cereales y la soja son los principales alimentos de la humanidad y su precio es crucial para la seguridad alimentaria mundial.

    Una cita de La peste, de Albert Camus, centra el tema: “Solamente a la larga, al constatar que las defunciones aumentaban, la opinión llegó a tener conciencia de la realidad”. La percepción de una crisis suele demorarse en  el tiempo, de tal modo que las medidas para resolverla suelen llegar cuando ya son insuficientes. La necesaria reaccion al retraso a menudo acaba realizándose —en mayor o menor grado— de modo caótico. La covid, nuestra peste, es un ejemplo de ello. Pero tambien lo es o, mejor dicho, comienza a ser la respuesta frente al cambio climático. Ante la complejidad del problema se tiende a la simplificación y a las soluciones fáciles, milagrosas. Éstas no existen. Al contrario, ante un problema complejo las soluciones son complejas y todas imperfectas.