Sol, la ética periodística
Homenaje a una de las grandes referentes de la profesión, fallecida a los 75 años
Soledad Gallego–Díaz, guía referencial de tres generaciones de periodistas, nos dejó el pasado 5 de mayo a los 75 años. En su despedida se volvió a certificar que era intensamente querida por sus compañeros, especialmente por los que habíamos trabajado más cerca de ella, por el valor que daba al oficio y su integridad. Sol era una mujer de principios, militante de la búsqueda de la verdad, que nunca calló ante las injusticias, sobre todo las ejercidas contra la gente humilde. Ha sido una periodista respetuosa y respetada por políticos, académicos y empresarios aunque pensaran de forma distinta. Sol deja un doloroso vacío, pero también una rica herencia de ética periodística. Representaba la mejor conciencia de la profesión y un comprometido empeño en mostrar que, a pesar de las múltiples crisis, el periodismo no tan solo es posible, sino que es más necesario que nunca.
Hace un mes, al recibir el primer Premio de Ética Periodística Aurelio Martín, de la Federación de Asociaciones de España, expuso su última lección. Para Sol, “el oficio de periodista no es algo tan complicado, pero exige compromiso desde el primer momento”. “En estos tiempos”, subrayó, “el periodismo contra la mentira, contra la desinformación es más necesario que nunca”. Deslizó consejos muy útiles para orientarse en los confusos tiempos de la gran manipulación: “Nada es tan importante como saber el origen de la información y cómo se difunde”. Y un mensaje definitivo que revela su personalidad: “En este oficio uno no hace lo que quiere, pero no tiene que hacer lo que no quiere. Cuando no quieres hacer algo solo tienes que decir: no lo quiero hacer”.
Hija de un reconocido matemático comunista y madre cubana, Gallego-Díaz adquirió su conciencia social en el anarquismo, que ciertamente no era el pensamiento dominante en el antifranquismo. Feminista de primera hora, nunca se dejó arrastrar por los dogmatismos que no tuvieran en cuenta la complejidad de los seres humanos.
Conocí a Sol en Londres, en 1983, cuando ella era corresponsal de El País y vi en directo su extremo sentido de responsabilidad, corriendo materialmente de un lugar para otro con la angustia a flor de piel para poder contrastar todos los datos de su crónica.
Sol lo ha sido todo en la profesión y recibido todos los galardones. Redactora, investigadora, analista, subdirectora, Defensora del lector y directora de El País (2018–2020), después de ejercer la corresponsalía en Bruselas, Londres, París, Nueva York, Buenos Aires y delegada del periódico en Sevilla, donde estableció una gran complicidad con Sol Fuertes. Su primera prueba de fuego le llegó en mayo de 1975, cuando fue despedida de la agencia Pyresa, de la prensa del Movimiento, junto a Bonifacio de la Cuadra, uno de sus grandes compañeros de vida y trabajo, por solidarizarse con compañeros represaliados.
Dos años después en Cuadernos para el Diálogo, su alma mater, logró la gran exclusiva de la Transición en noviembre de 1977 al conseguir, junto a Federico Abascal y José Luis Martínez García, el primer borrador de la Constitución Española, lo que provocó un terremoto político.
El trabajo en equipo es la característica que más ha marcado su forma de entender el periodismo. Anteriormente con José Luis Martínez, Flavio, uno de sus grandes camaradas, había escrito Los 7 magníficos, un retrato de los políticos más influyentes de las postrimerías del franquismo.
Ya en El País, en 1978, inició un tipo de crónicas parlamentarias a cuatro manos con Bonifacio de la Cuadra, otro de sus grandes amigos, con quien escribió Crónica secreta de la Constitución. Un libro que pone al descubierto las difíciles negociaciones para consensuar la palabra “nacionalidades” y que recoge aspectos destacables como que 80 constituyentes habían sufrido las cárceles de Franco.
En 1988 es llamada a dirigir el periódico por Juan Luis Cebrián. Declina la oferta, pero hace piña como adjunta con el nuevo director, Joaquín Estefanía, con el que forjará una cada vez más estrecha amistad. Con Xavier Vidal-Folch, también director adjunto, los tres sellan un “pacto de sangre” para defender “la dimensión moral” de un periodismo “al servicio de la democracia”, frente al “basado exclusivamente en el mercado”, en palabras de Estefanía. Las complicidades de Sol han sido muchas; Malén Aznárez, Joaquín Prieto, Maruja Torres, Antonio Franco, María Cordón y más. Y también sus compromisos. En 2013, se convierte en socia de la cooperativa que edita Alternativas Económicas.
En 2018, tras una etapa de desorientación profesional, Sol es nombrada directora de El País. En dos años logra levantar la moral de la redacción. Labor que después proseguirá la directora Pepa Bueno (2021-2025).
Sol ha cumplido su misión. Convencer a muchos periodistas para que prosigan en “la búsqueda de la verdad porque la verdad existe”. Y porque el buen periodismo siempre es posible.