Cuando la realidad supera la ficción

  • Julio 2019

    El documental ‘Tres idénticos desconocidos’ cuenta la increíble historia de unos trillizos separados al nacer fruto de un experimento científico.

    Imagen de los trillizos.

    Desde tiempos inmemoriales el ser humano ha querido ir más allá en la búsqueda de explicaciones científicas ante sus dudas e inquietudes, aunque para ello haya que cruzar límites éticos y quebrantar derechos de las personas. El documental Tres idénticos desconocidos narra la increíble historia de unos trillizos separados al nacer y entregados en adopción a familias de distintas clases sociales para servir a un experimento liderado por un científico con el objetivo de descubrir si la conducta humana está predeterminada por la genética o si, por  el contrario, es producto del entorno y las variables sociodemográficas. Ambas partes desconocían que serían objeto de estudio para, así, asegurar la efectividad de los resultados. 

    Lo que nos puede parecer una aberración, en la década de 1960, que fue cuando empezó a andar el proyecto, gozaba de aceptación por una parte de la comunidad científica, que veía una oportunidad para interpretar mejor la conducta humana, como se expone en el documental. Encabezado por el psicoanalista Peter Neubauer, y con la ayuda de una agencia de adopciones, se inició un experimento que fue destapado dos décadas más tarde con un encuentro fortuito entre dos mellizos, Robert Shafran y Eddy Galland, al que más tarde se añadiría un tercero, David Kellman. El impacto mediático de dicha casualidad fue enorme y llegó a generar un foco de atención alrededor de ellos que los llevó a protagonizar programas de televisión, participar en películas como Buscando a Susan desesperadamente (Susan Seidelman, 1995) y hasta crear su propio restaurante, llamado Triplets como guiño a la particularidad que les unía. Desde su reencuentro, 19 años después de su nacimiento, fueron inseparables e incluso se fueron a vivir juntos. Todo parecía irles de fábula, pero con el tiempo surgieron los problemas, causados en parte por la separación traumática que sufrieron y las consecuencias de la revelación que les cambió la vida. 

    El documental, dirigido por Tim Wardle, transita por la ficción y el suspense, combinando entrevistas, imágenes de archivo y recreaciones y situando el punto de perspectiva en los trillizos para que el espectador vaya conociendo la información al mismo ritmo al que ellos la descubrieron. Todo está orquestado para mantenernos en vilo y vivir, como ellos, la sorpresa y la tensión de cada momento.
    Lo que plantea el filme no solo es una curiosa historia que se torna trágica a medida que va avanzando, sino que pone encima de la mesa un debate moral sobre la necesidad de establecer límites a los estudios científicos que tienen como base el ser humano. A raíz del fenómeno mediático que vivieron estos trillizos se destaparon muchos más casos de mellizos separados al nacer y dados en adopción para seguir sus pasos. Según se cuenta en el documental, el equipo de Neubauer se encargaba de visitarlos periódicamente con el pretexto de revisar su adecuado crecimiento y adaptación a la familia. Cuando varios casos salieron a la luz, muchos de los participantes en el experimento quisieron esconder cualquier prueba que los involucrara por vergüenza y temor a las críticas de su entorno.

    Antes de fallecer, en 2008, Neubauer se encargó de asegurar la privacidad de su investigación, salvaguardada en los archivos de la Universidad de Yale, donde goza de acceso restringido hasta el año 2065. Después de mucho insistir, hoy en día los trillizos han podido ver el material secreto sobre su infancia, aunque desprovistos de cualquier análisis e hipótesis con las que comprender a qué conclusiones se pudo llegar. 

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