Feliz hasta el final
Una película para honrar la dignidad en la vejez y el derecho a la felicidad
Una situación económica desesperante lleva a una hija a querer vender la casa donde vive su madre en Tánger (Marruecos). Su padre fallecido había dejado la casa a su nombre. Y la madre —protagonizada por una hilarante Carmen Maura— es mayor, de 80 años, y no tiene dónde ir.
Está sola, vieja y huérfana de amigos, que ya se han ido al otro lado. Solo le queda la posibilidad de irse a una residencia para españoles de Tánger o a vivir a Madrid con la hija. Pero no ha vivido nunca en Madrid —porque ha crecido en Tánger— y la hija apenas la visita desde hace años. Solo aparece para decir que quiere quitarle el techo donde se cobija.
A partir de esta premisa, se desarrolla una trama dulce, maravillosa, que nos habla de la vida misma. La vejez a la que llegaremos si tenemos suerte. Nos habla de la dignidad de las personas mayores, de sus traumas, sus duelos y también de su sabiduría. A veces se trata a los niños y a los viejos como si fueran tontos. Y solo tienen edades distintas, pero no son idiotas, ni unos ni otros.
Dirección
Los actores, todos ellos, hasta los extras, hacen papeles brillantes, quizás gracias a la...