Fabricas, barrios, derechos
La clase trabajadora ha sido el gran motor de las mejoras sociales y laborales desde principios del siglo XX, con gran protagonismo también de las mujeres, a menudo invisibilizado.
La historia de los derechos laborales en España no puede contarse como una concesión amable del poder. Más bien al contrario: fue la sociedad vigilada, castigada y empujada a los márgenes la que terminó aprovechando esos mismos márgenes para conquistar espacios de poder.
Entre 1976 y 1980 se aprobaron la Ley de Relaciones Laborales y el Estatuto de los Trabajadores, este último bajo el mandato de la Constitución de 1978. Con ello quedaron consagrados la libertad sindical, el derecho de huelga y la negociación colectiva, además de sentarse las bases de la no discriminación en el acceso al empleo y en la retribución. No era, sin embargo, una novedad absoluta. Ya en el primer bienio republicano se habían formulado principios semejantes al amparo de la Constitución de 1931. Pero entre la proclamación jurídica y la realidad social se abría entonces, como tantas veces, un abismo. La igualdad legal chocaba con una estructura cultural profundamente desigual.
De la vigilancia a la conquista de derechos
Si se examinan con detalle los procesos de conquista de los derechos sociales, aparece una constante: la clase trabajadora...