A la economía ortodoxa le interesan los cuidados. Pero no le interesan en sí las tareas que sirven para regenerar cotidiana y generacionalmente el bienestar físico y emocional de las personas, sino que lo que le interesa es mercantilizar todas las facetas que engloban este ámbito: cuidado infantil y de personas mayores o con necesidades especiales, autoproducción de alimentos y de arreglos, atención de tareas domésticas para la cobertura familiar de las necesidades, afecto o atención emocional de sus miembros, etc. Generalmente, muchas de estas tareas se producen en circuitos de intimidad y en el marco de los hogares. Y, cuando los cuidados son cubiertos de esta manera, desaparecen de sus cuentas y quedan invisibilizados para la macroeconomía.
Como tan bien cuenta siempre Yayo Herrero, las personas somos seres vivos vulnerables e interdependientes. Somos ecodependientes (sin la naturaleza no somos nadie), pero también somos interdependientes. Nacemos con una fragilidad extrema. Tardamos un año en levantarnos, dos en comunicarnos y cuatro en poder vestirnos por nuestra cuenta para protegernos del frío. También, en...