El marco cultural del capitalismo neoliberal suele encumbrar como modelos de éxito a las figuras empresariales que simplemente han logrado hacerse millonarios (ahora ya milmillonarios), sin más, eliminando de la ecuación, por considerarla innecesaria, cualquier otra incógnita: cómo han tratado a trabajadores o proveedores, qué huella social o medioambiental han dejado y, sobre todo, qué mejora ha supuesto para la humanidad o el planeta la gran idea empresarial que les ha enriquecido.
Es el mismo marco que definió el premio Nobel Milton Friedman para las empresas —su única responsabilidad social es la búsqueda del beneficio, sostenía—, pero en los últimos años cada vez más gente ha puesto en cuestión este dogma para poner sobre todo el acento en el propósito y en el impacto, vinculados incluso a preguntas filosóficas de cuál es el sentido de nuestro paso por este mundo. Los críticos sospechan que se trata de un mero lavado de cara del capitalismo, pero la realidad es que cada vez hay más dinero para dotar de sentido al mundo de la empresa más allá del beneficio per se y conectarla con los grandes retos de...