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Del Pirineo al Císter: un viaje por la Catalunya medieval

Las iglesias románicas de la Vall de Boí, Patrimonio de la Humanidad, y los monasterios de la Ruta del Císter trazan un viaje por la Catalunya medieval. Un recorrido entre montañas, viñedos y pueblos para descubrir sin prisa un legado ligado al territorio.

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Monasterio de Poblet al atardecer, en la Conca de Barberà

Fotografía
Agència Catalana de Turisme

El románico fue la primera gran manifestación artística común a toda Europa occidental tras la caída del Imperio romano. En Catalunya se conservan unas 1.900 iglesias y capillas con elementos románicos, además de unos 200 castillos, torres y casas fortificadas. La mayor densidad de edificios se encuentra en los Pirineos de Catalunya y en el Prepirineo, donde este estilo arquitectónico se desarrolló con especial intensidad.

La Vall de Boí, patrimonio románico entre montañas

El viaje comienza en la Vall de Boí, un valle de alta montaña muy cerca del Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici. Ocho iglesias y una ermita románicas, construidas entre los siglos XI y XII y repartidas por el valle, forman el conjunto declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 2000.

Son un ejemplo destacado del románico lombardo, llegado a los Pirineos catalanes de la mano de maestros de obras del norte de Italia: muros de piedra, ábsides decorados con arcos ciegos y bandas lombardas, campanarios de torre cuadrada cuyas ventanas se abren a medida que ganan altura. En el interior, las paredes se cubrían de pinturas murales de colores intensos. Vistos desde el valle, los campanarios marcan el paisaje y la silueta de cada pueblo.

En Taüll, las iglesias de Sant Climent y Santa Maria se consagraron en 1123 con un solo día de diferencia. Sant Climent, situada a las afueras del pueblo, tiene tres naves separadas por columnas, tres ábsides y un esbelto campanario exento de seis pisos, con ventanas geminadas. En el interior, un videomapping recrea las pinturas murales en el lugar para el que fueron creadas y explica el proceso de elaboración a partir de las capas de pintura que todavía se conservan en los muros. Así reaparecen el Pantocrátor, los santos y apóstoles y escenas del Antiguo y el Nuevo Testamento y del Apocalipsis.

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Iglesia de Sant Climent de Taüll, en la Vall de Boí
Iglesia de Sant Climent de Taüll. © Agència Catalana de Turisme

Las pinturas originales se conservan en el Museu Nacional d'Art de Catalunya, en Barcelona. La sección de arte románico del museo, considerada la más importante del mundo, reúne un extraordinario conjunto de pinturas murales procedentes de los Pirineos catalanes. Entre ellas se encuentran las de Santa Maria de Taüll, presididas por la Virgen y el Niño.

Erill la Vall y Durro, el románico en los pueblos

En Erill la Vall, la iglesia de Santa Eulàlia tiene un pórtico de arcadas sobre columnas y un campanario lombardo de seis pisos con ventanas geminadas. De este templo procede el grupo escultórico del Descendimiento, un conjunto de tallas de madera que representa el momento en que Cristo es bajado de la cruz. Las piezas originales se reparten entre el Museu Nacional d’Art de Catalunya y el Museu d’Art Medieval de Vic, mientras que una copia instalada sobre una viga encima del altar permite contemplar la escena en el lugar de origen.

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Excursionistas llegando a la iglesia de Santa Eulàlia d'Erill la Vall
Excursionistas llegando a la iglesia de Santa Eulàlia d'Erill la Vall. © Agència Catalana de Turisme

En Durro, la iglesia de la Nativitat de la Mare de Déu tiene un campanario más robusto que los demás del valle y conserva un notable conjunto de mobiliario litúrgico. Sobre el pueblo se encuentra la ermita de Sant Quirc de Durro, del siglo XII.

En Boí, la iglesia de Sant Joan conserva más elementos del siglo XI que ninguna otra del valle. La última restauración revocó los muros y reprodujo todas las pinturas que hoy guarda el Museu Nacional d’Art de Catalunya, con la lapidación de San Esteban, los juglares y el bestiario. Así se descubre el aspecto original de estas iglesias y el papel de la pintura mural, que narraba la fe con imágenes.

Sant Feliu de Barruera, Santa Maria de Cardet y l'Assumpció de Cóll completan el conjunto, cada una con un detalle que la hace única. En Sant Feliu de Barruera, los dos ábsides muestran las dos etapas del románico del valle: la del siglo XI, de piedra irregular y bandas lombardas, y la del XII, de sillares regulares. Santa Maria de Cardet aprovecha la pendiente de la montaña para albergar una cripta, la única del conjunto. L'Assumpció de Cóll destaca por su portada, con un crismón y capiteles que representan la lucha entre el hombre y la fiera.

Vallbona de les Monges, el Císter en femenino

El itinerario deja atrás la Vall de Boí y desciende hacia el sur, donde la alta montaña da paso a viñas y campos de secano. Allí esperan los tres grandes monasterios de la Ruta del Císter, levantados entre los siglos XII y XIII con un lenguaje arquitectónico a caballo entre el románico y el gótico.

La Ruta del Císter empieza en Vallbona de les Monges, donde una comunidad de monjas cistercienses mantiene viva la vida monástica desde el siglo XII. La iglesia, de planta de cruz latina, se corona con un cimborio y un campanario gótico levantado sobre la nave, y en la puerta del crucero norte luce un relieve dedicado a la Virgen. En el claustro se leen las distintas etapas del conjunto: las alas sur y este son del siglo XIII, y las restantes, de los siglos XIV y XV.

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Vista aérea de Vallbona de les Monges y sus campos de cultivo
Vallbona de les Monges, rodeada de campos de cultivo. © Agència Catalana de Turisme

Poblet, panteón de reyes

A unos 25 kilómetros al sur de Vallbona, la ruta pasa por Montblanc, con su recinto amurallado y su núcleo histórico, y por l'Espluga de Francolí, puerta de entrada al monasterio de Poblet.

Declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1991, Poblet guarda el panteón de los reyes de la Corona de Aragón y una comunidad de monjes sigue habitándolo como centro de espiritualidad y cultura. De los siglos XII y XIII se conservan la capilla de Sant Esteve y la iglesia de Santa Maria, de planta basilical con girola, además de un ala, el lavabo del claustro y buena parte de las dependencias monásticas: el dormitorio, el refectorio y la sala capitular.

Santes Creus, donde el románico se hace gótico

Desde Poblet, la ruta sigue hacia el este por el interior de la Costa Daurada para cerrar el triángulo cisterciense en Santes Creus. El monasterio reúne elementos románicos y góticos que muestran con claridad el paso de un estilo a otro. La iglesia, de planta basilical y levantada entre los siglos XII y XIII, acoge en el transepto los sepulcros reales de Pedro el Grande y de Jaime II y Blanca de Anjou, entre otros. El claustro gótico, el dormitorio de los monjes y la primitiva capilla de la Trinitat recorren los distintos espacios de la vida monástica.

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Claustro gótico del monasterio de Santes Creus con el templete del lavabo
Claustro del monasterio de Santes Creus con el templete del lavabo. © Agència Catalana de Turisme

Del silencio de la alta montaña al murmullo de los claustros, el románico y el Císter dibujan un mismo camino por la Catalunya medieval. Un viaje para hacer sin prisa, piedra a piedra.

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