Cambiarlo todo para que cambie poco
La prohibición de exportar desechos plásticos hacia países en desarrollo a finales de año tendrá en la práctica poco efecto en los grandes receptores, incapaces de una gestión adecuada.
El diagnóstico se conoce: el mundo se ahoga en plástico. Cada año, generamos 350 millones de toneladas de residuos, que equivalen al peso de 35.000 torres Eiffel. Debido a la dificultad —o incluso imposibilidad— de reciclar ciertos plásticos, a las bajas tasas de recogida selectiva y a la falta de infraestructuras, solo se recicla el 9% de los residuos. La mitad termina en vertederos, el 19% se incinera para producir energía y el 22% restante se quema… O se vierte directamente en la naturaleza.
Estos desechos dan alas a un comercio mundial que ronda los seis millones de toneladas. Cada año, entre 1,5 y 2 millones de toneladas transitan desde los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) hacia países en desarrollo que, sin embargo, carecen de capacidad para gestionarlos de modo correcto.
Para dejar de alimentar este flujo Norte-Sur, la Unión Europea (UE) adoptó en 2024 una nueva regulación sobre el traslado de residuos. A partir de noviembre de 2026, quedarán prohibidas las exportaciones de residuos plásticos a países que no integren la OCDE.
Según la Agencia...