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Cómo asegurar la movilidad diaria en Cercanías

La apuesta por la alta velocidad con un modelo centralista ha dejado en muy mala situación la red que más utiliza la ciudadanía.

Por Pau Noy
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Marzo 2026 / 144

En 2000, bajo el Gobierno del PP, España selló un compromiso en el ferrocarril que parecía más un eslogan electoral que una planificación técnica racional: todas las capitales de provincia debían quedar conectadas con Madrid mediante la alta velocidad en menos de cuatro horas y media. Esa decisión marcó el inicio de una fiebre constructora sin parangón que ha convertido al Estado en el primer país de Europa —y el segundo del mundo— en kilómetros de vías de alta velocidad.

La metáfora y el espejismo
Dice el dicho clásico que todos los caminos conducen a Roma. El Imperio Romano entendía las infraestructuras como una herramienta de control para extraer recursos de la periferia hacia el centro. El modelo ferroviario español del siglo XXI ha replicado este esquema. El AVE no se ha diseñado para conectar regiones entre sí, sino para conectarlas todas con la Puerta del Sol, ignorando la lógica de los flujos económicos del Corredor Mediterráneo, el Ebro y la Cornisa Cantábrica. El AVE no vertebra España, sino Madrid con España. Detrás de la fachada de la modernidad ferroviaria veloz late un centralismo voraz:...

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