La persona y el personaje
‘Marco’, que retrata la impostura de un portavoz de los deportados que inventó su paso por un campo de concentración, realza el valor de la autenticidad frente al ‘relato’
La película Marco, que logró en los últimos Goya el premio al mejor actor protagonista para un soberbio Eduard Fernández y también el de mejor maquillaje y peluquería, recrea la increíble historia de Enric Marco (1921-2022), que se inventó un pasado de militancia antifranquista y de expresidiario del campo de concentración nazi de Flössenburg para ir escalando en el sindicato CNT y nada menos que en la Amical de Mauthausen hasta el punto de llegar a simbolizar la lucha y el sufrimiento de toda una generación que entregó la vida para que todos tuviéramos un porvenir.
Es una buena película, que ha contado con financiación de Fiare Banca Etica, con una historia potente, magníficas interpretaciones, bien recreada, bien contada y fiel a la importante documentación sobre el caso —incluida la novela El impostor (Random House, 2014), de Javier Cercas—. Es decir: cuenta con todos los ingredientes para que las personas implicadas en esa lucha —que es la de la democracia— y comprometidas con la memoria histórica pasen un mal rato. Y es que es imposible quedarse con buen cuerpo con esta historia tan alucinante como...