¡Muera el edadismo!
Vivir más se vuelve una pesadilla si la perspectiva es el abandono en un aparcamiento de viejos (sobre todo de viejas).
Comparte
Pertenece a la revista
Enero 2023 / 109
Obedecer instrucciones, órdenes, pronunciadas en un tono infantil y exageradamente animoso. Ver cómo se diluye la identidad en un grupo etiquetado de inútil, entre paladas de pastillas. Escuchar canciones de otro planeta mental como gran entretenimiento. Todo ello forma parte del teatro de las residencias, incluso si la comida y el cuidado son humanos.
La pandemia sirvió en bandeja la evidencia de que este no es país para viejos. Enfermedad, maltrato, soledad y marginación social confluyen en el destino de buena parte de la generación que, como tanto se ha cacareado, labró el terreno al ascenso social y la democracia tras crecer en el páramo de la posguerra.
"Las izquierdas nos han abandonado… y nuestros hijos también”, espeta sobre el escenario el actor Oriol Genís, cuyo personaje se declara en inútil rebelión contra el encierro en una residencia. Solo sabe que “no debería" estar allí. Y sus compañeros de encierro lo escuchan casi anonadados. Acaso olvidaron de qué les habla.
El colectivo Cultura i Conflicte —que se estrenó con la impactante propuesta de Hay alguien en el bosque, que a finales de...