Cuidar como un clavo ardiendo
Atender a personas es un trabajo necesario y digno, pero nunca debería ser un peaje que pagar
ni un rincón al que relegar a nadie por su origen
Digo yo que alguien tendrá que limpiar en sus casas, alguien tendrá que recoger sus cosechas y alguien tendrá que poner los ladrillos de las casas donde luego vamos a vivir todos los demás”. Con este exabrupto respondía hace unos meses Isabel Díaz Ayuso a las soflamas antiinmigración de Vox en la Asamblea de Madrid. Mucho se ha escrito sobre la concepción marcadamente xenófoba, clasista y utilitarista de la inmigración que rezuman estas palabras: la inmigración resulta tolerable siempre y cuando venga no solo a trabajar, sino a hacerlo en un papel subalterno en el mercado de trabajo y, por ende, en la sociedad. A limpiar nuestras casas, a recoger nuestras cosechas, a poner los ladrillos de nuestras casas. De esta lista debió de caer, por algún motivo, cuidar a nuestros mayores.