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Políticas públicas y empleos de calidad en el sector cuidados

Dani Rodrik propone reorientar las estrategias públicas de desarrollo productivo hacia las actividades con mayor potencial generador de ocupación: los servicios de atención a mayores

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Mayo 2026 / 146

En su último libro, Shared Prosperity in a Fractured World. A New Economics for the Middle Class, the Global Poor and Our Climate, el economista Dani Rodrik, especialmente en los capítulos del 4 al 6, propone un replanteamiento de las políticas públicas de intervención en los sectores productivos. Estas políticas, que tradicionalmente se han llamado “políticas industriales”, deberían enfocarse, según Rodrik, a la creación masiva de buenos empleos, para fortalecer una clase media en declive, frenar la desigualdad y recuperar el vigor de nuestras democracias.

El concepto de “política industrial” adolece y al mismo tiempo se beneficia de una polisemia. En el vocabulario económico en inglés, “industry” significa “sector económico”: un conjunto de empresas que compiten entre ellas en un mismo mercado constituyen una “industry” o sector económico. Pero industria también hace referencia al sector secundario, el manufacturero. 

En la mayoría de jurisdicciones, la política industrial es la que hace el Ministerio o la Consejería de Industria (para el sector manufacturero), mientras que de la Agricultura, por ejemplo, se encarga otro ministerio. Pero en los libros de texto de economía, generalmente traducidos del inglés, la política industrial no solo es la política que afecta al sector manufacturero, sino la política pública que pretende influir por el lado de la oferta, intentando modificar la producción de cualquier sector económico. Es en este sentido en el que Rodrik propone desarrollar una “política industrial” para el sector servicios, mediante subvenciones, labores de coordinación de inversiones o provisión pública de factores de producción (como la formación, o suministro de tecnología) diseñados específicamente para empresas y proyectos concretos.

La economía convencional centra su atención en las personas en tanto que consumidoras. El análisis de bienestar se concentra en la utilidad que las personas derivan del consumo, esa es la fuente de satisfacción en la que se centra el análisis. Sin embargo, eso lleva a infravalorar la importancia del trabajo para los seres humanos. El empleo no solo es un instrumento que conlleva un esfuerzo costoso para conseguir unos ingresos con los que consumir, sino que también es una forma de desarrollar una identidad y una satisfacción con uno mismo. Olvidar esto es un grave error que puede conducir a no entender una fuente de descontento con importantes derivadas políticas.

Buenos empleos
Para corregir este error, Rodrik propone una política pública de buenos empleos que lleve a priorizar el apoyo público en aquellos sectores económicos de mayor potencial de creación de empleo. Aunque el sector manufacturero sigue siendo una fuente de innovación, y la economía verde permite crear empleos, el mayor potencial de creación de puestos de trabajo se encuentra en el sector servicios, y, en particular, en el sector de los cuidados para la tercera edad. Además, este sector resuelve una demanda creciente por el envejecimiento de la población y permite integrar económica y socialmente a la inmigración.

En este sentido, Rodrik considera que, aunque el centro-izquierda norteamericano y europeo ha reaccionado y ha aprendido alguna lección, abrazando de nuevo las políticas industriales, sigue equivocándose en el “industrialismo” y en la obsesión con China, que no le llevarán necesariamente a crear muchos buenos empleos. El sector manufacturero ha cambiado mucho: aunque hoy es fuente de productividad, existe una desconexión entre producción y empleo, porque el trabajo lo realizan básicamente máquinas y robots. El empleo masivo, aunque no necesariamente muy cualificado, se genera en el sector servicios.

Aunque lo que es un buen empleo varía con las expectativas y, por tanto, no es lo mismo en una sociedad que en otra, en el espacio y el tiempo, en general un buen empleo es aquel que proporciona una remuneración adecuada y estable, que ofrece oportunidades de promoción y satisfacción personal por cómo uno es tratado, por la capacidad de ejercer voz, por las ganas de ir a trabajar e interactuar con colegas de trabajo.

Una política “industrial” en el sector de los cuidados debería ir orientada a promover formas de cambio tecnológico que aumenten las capacidades de las personas trabajadoras en el sector de los cuidados, de la misma forma que las nuevas tecnologías han permitido elevar el estatus de la enfermería en el sector sanitario.

La demanda de cuidados en el hogar y en residencias asistidas está aumentando y aumentará más en los próximos años por razones demográficas. Pero las personas que trabajan en el sector son generalmente vistas como de bajo estatus, cuando son más importantes que nunca. Un aumento de la productividad permitiría a estas personas servir mejor a sus pacientes y reducir el coste del servicio para hacer hueco para una remuneración más elevada. Rodrik afirma que, igual que en el caso de la enfermería, el “upgrading” [actualización] requiere cambios tecnológicos y organizativos necesitados de un impulso público con la colaboración del sector privado, tanto lucrativo como de la economía social. Con mayor formación y reglas que les permitan ejercer más tareas, el estatus, la productividad y la remuneración de estas personas trabajadoras podrían aumentar substancialmente.

Tecnología y autonomía
En palabras de Rodrik, esto requeriría “invertir en habilidades de las personas trabajadoras, darles más voz, autonomía y responsabilidad por la calidad del servicio". Personal cuidador con mayor autonomía y capacidad de decisión puede ofrecer un servicio más flexible y de mayor calidad, bien conectado con fuentes de conocimiento y autoridad del mayor nivel. Algunas de las herramientas tecnológicas que permitan la transmisión inmediata de información ya existen (telemedicina, sensores, robots), pero deben ponerse en manos de las personas trabajadoras, como sucedió en un programa en Finlandia descrito por Rodrik. Esto permitiría reducir el estrés de las personas trabajadoras y de los pacientes y reducir la presión sobre las residencias y los hospitales. En la línea del último libro de Acemoglu y Johnson Poder y Tecnología, estas consideraciones sugieren la necesidad de un esfuerzo gubernamental para dirigir la tecnología en la dirección de favorecer los intereses y las aspiraciones de las personas trabajadoras.

Todo ello es un ejemplo de lo que Rodrik llama “nueva política industrial” (o política de desarrollo productivo, si queremos evitar la confusión de términos), que iría dirigida a cualquier sector económico, y sería mucho más flexible que la tradicional, como se explica en la tabla adjunta. Sería más ambiciosa, y con una cartera de servicios mucho más amplia, intentando corregir más imperfecciones del mercado, hasta el punto de asumir la responsabilidad de crear buenos empleos, algo que por sí mismo no está garantizado simplemente por el mercado.

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