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España, a contracorriente

La regularización de inmigrantes abre por primera vez en dos décadas una vía para que unas 500.000 personas salgan de la sombra. El proceso análogo de 2005 ofrece la mejor guía sobre lo que puede esperarse: más ingresos fiscales sin efecto llamada.

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Junio 2026 / 147

Wilson Dajome llegó a La Farga de L’Hospitalet, en Barcelona, a las nueve y media de la mañana. Salió a las seis y media de la tarde. Era el segundo día del proceso extraordinario de regularización que el Gobierno puso en marcha el 16 de abril y el recinto parecía una sala de espera improvisada para buena parte del área metropolitana. Aun así, recuerda: “Todo fue muy ordenado”.

El 15 de mayo recogió el resguardo: un permiso provisional de residencia y trabajo que, en virtud del Real Decreto 316/2026, le permitió empezar a trabajar legalmente desde el momento de la solicitud.

El suyo fue uno de los más de 130.000 expedientes registrados durante la primera semana, según el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. El arranque superó el ritmo del último proceso de regularización, en 2005, y dejó ver hasta qué punto se había acumulado una bolsa de irregularidad durante más de 20 años sin otro proceso extraordinario.

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