Un antídoto contra la parálisis
Cuando oye a la gente quejarse a su alrededor porque no atisba ningún milagro que nos salve de la catástrofe climática, Kate Marvel, que trabaja para un instituto de la NASA, responde, en referencia a la Tierra: "Yo creo en los milagros.
Vivo en uno". Otras veces, Marvel replica con "certezas": se sabe lo que provoca la emergencia climática, de modo que "se puede evitar lo peor y construir un mundo mejor en el proceso". Su trabajo y, sobre todo, su actitud vital vienen recogidas en el libro Lo último que se pierde, del ensayista Alan Weisman, junto con la de un ejército silencioso de personas que, pese al avance del calentamiento global, recuerdan la enseñanza del mito de Pandora: queda la esperanza.
La actitud de esta legión internacional no es un brindis al sol, ni un arranque de ingenuidad rodeado de tecnosolucionismo. Cada cual se focaliza en un proyecto que cambia cosas. El libro empieza y se cierra con la historia del ambientalista iraquí Jassim Al-Asadi y del ingeniero civil Azzam Alwash, cofundadores de la organizaqción Nature Iraq, que busca proteger el entorno natural y el legado de un país considerado en su día la flor de la cultura árabe por su poesía.