Economía y democracia
A veces creemos hablar de economía cuando hablamos de otras cosas. Y, a la inversa, más de una vez creemos hablar de otras cosas cuando, en realidad, hablamos de economía.
A veces creemos hablar de economía cuando hablamos de otras cosas. Y, a la inversa, más de una vez creemos hablar de otras cosas cuando, en realidad, hablamos de economía.
Me explico.
Durante la campaña presidencial francesa se ha subrayado el descontento de una gran parte de la población. Ese descontento, se dice, ha dado muchos votos a la ultraderecha de Marine Le Pen y no tantos votos, pero bastantes, a la izquierda populista de Jean-Luc Mélenchon. Y, por simplificar, se ha atribuido el descontento a causas económicas, lo cual solo es parcialmente cierto.
La transición hacia políticas energéticas más sostenibles daña en especial a la población rural y semiurbana, que no puede permitirse el lujo de usar tranvías y bicicletas como en las grandes ciudades y depende del denostado automóvil de gasóleo. Al mismo tiempo, los servicios públicos esenciales (sanidad, enseñanza) tienden a concentrarse en las áreas más urbanizadas. Eso genera un daño económico.
Sin embargo, el descontento va más allá. Quienes han votado contra el liberalismo de Emmanuel Macron, sobre todo desde la derecha extrema, se quejan de...