El engorro de las huelgas
Eso que llaman “conflictividad laboral” está en aumento en España. Y es posible que en las próximas semanas y meses muchos ciudadanos sufran los inconvenientes de alguna que otra huelga. El batacazo de la pandemia, la inflación creciente y la continua pérdida de poder adquisitivo desde la crisis financiera de 2008 han creado una situación muy difícil.
Eso que llaman “conflictividad laboral” está en aumento en España. Y es posible que en las próximas semanas y meses muchos ciudadanos sufran los inconvenientes de alguna que otra huelga. El batacazo de la pandemia, la inflación creciente y la continua pérdida de poder adquisitivo desde la crisis financiera de 2008 han creado una situación muy difícil.
Ah, las huelgas. Alteran nuestra rutina, nos obligan a cambiar o cancelar planes de viaje y, ruidosas y desordenadas como suelen ser, nos complican la existencia.
Evidentemente, si somos nosotros los que vamos a la huelga el párrafo anterior no cuenta. Pero cuando los huelguistas son otros conviene informarse, intentar entender las razones, reflexionar un rato acerca de esa extendida convicción que establece una supuesta primacía del consumidor (los sacrosantos derechos del cliente) y del accionista sobre el trabajador y, en último extremo, armarse de paciencia.
También se puede recurrir a la ensoñación. Podemos imaginar que vivimos en un país sin huelgas.
Resulta fácil, porque los hay.
Bielorrusia, cuyo régimen ha adquirido recientemente un poco de mala fama...