La aldea global es ahora un barrio peligroso
Vivíamos con una serie de convicciones que han resultado falsas. Nunca se han hecho y, por tanto, nunca se harán la guerra dos países con McDonalds en sus ciudades, decían. La globalización es el mejor antídoto contra los conflictos violentos, decían.
Vivíamos con una serie de convicciones que han resultado falsas. Nunca se han hecho y, por tanto, nunca se harán la guerra dos países con McDonalds en sus ciudades, decían. La globalización es el mejor antídoto contra los conflictos violentos, decían. El comercio es la paz, decían. Pues ya no. Al menos por una larga temporada. Habrá que olvidar mucho de lo aprendido y habituarse a vivir en un nuevo mundo con nuevas reglas. El problema, ahora mismo, consiste en que las nuevas reglas aún no están claras. Tal vez puedan intuirse los rasgos fundamentales.
Para empezar, vuelven los bloques. Como al principio de la guerra fría. China no tendrá otro remedio que patrocinar de alguna forma a ese gigante pobretón y enloquecido en que Vladímir Putin ha convertido Rusia, para evitar que el país más grande del mundo (con el que comparte más de 4.000 kilómetros de frontera) caiga definitivamente en el caos. China ya no será esa potencia industrial más o menos amable que se toma la molestia de fabricar todo lo que necesitamos, sino una potencia que veremos con creciente desconfianza según incremente su ya enorme poder...