Las ideas estúpidas
Las ideas estúpidas son prácticamente inmortales. Da igual que se demuestre una y otra vez, con fracasos rotundos, su estupidez esencial: al cabo de un tiempo resurgen como nuevas. Es el caso de las operaciones coloniales con supuesto afán civilizatorio.
Las ideas estúpidas son prácticamente inmortales. Da igual que se demuestre una y otra vez, con fracasos rotundos, su estupidez esencial: al cabo de un tiempo resurgen como nuevas. Es el caso de las operaciones coloniales con supuesto afán civilizatorio. Véase Afganistán. O Irak. Cuando George W. Bush, presidente de una de las más siniestras administraciones estadounidenses, propuso enviar por ahí fuerzas expedicionarias para acabar con el terrorismo, arreglar el mundo y, de paso, dar negocio a las industrias de las armas y el petróleo, sus aliados (con la relativa excepción de Francia) se sumaron gozosamente. La cosa acabó como tenía que acabar: mal. Pero no se preocupen. El regreso de esa idea estúpida es una cuestión de tiempo.
Ya sabemos que privatizar la electricidad no resolvió nada
Muchos gobernantes acabaron cobrando de las empresas
Algo parecido ocurre con los servicios públicos. Hace casi 40 años, la Unión Europea, fascinada por el catecismo neoliberal que impartían Ronald Reagan y Margaret Thatcher (y camelada por los lobbies de banqueros y abogados) decidió que privatizar sectores estratégicos,...