Últimamente no nos sale un año bueno. Y el de ahora no pinta demasiado bien. Es lo que tiene la economía: si nada se mueve, mal; si todo se mueve, peor.
Lo más visible es el movimiento de la gente que protesta. En Francia, en Reino Unido, en Alemania, incluso en Israel, hay broncas tremendas por dos razones fundamentales: la arrogancia del poder y el maltrato a los trabajadores. Son dos caras de la misma moneda. El neoliberalismo está ideológicamente agotado, pero cuando se tiene la fuerza no hacen falta ideas y la restauración mundial del antiguo régimen, el vigente hasta 1945, sigue a buen paso: salarios, pensiones, sanidad pública, todo está en peligro.
La gente se mueve deprisa, especialmente cuando es perseguida por policías con porras. Hay algo, sin embargo, mucho más rápido que las personas. El dinero es más veloz que nadie. Y ahora circula como loco.