Queríamos salvar el planeta
Al poder hay que juzgarlo por lo que hace, no por lo que dice. Y lo mismo vale para cualquiera de nosotros: somos lo que hacemos.
Al poder hay que juzgarlo por lo que hace, no por lo que dice. Y lo mismo vale para cualquiera de nosotros: somos lo que hacemos.
Recordará el lector que en un tiempo no tan lejano, hará un par de años, se declaró la emergencia climática. Lo hicieron la ONU, el Parlamento Europeo y muchos gobiernos, entre ellos el español. Pedro Sánchez proclamó que la emergencia climática era “el mayor desafío de nuestra civilización”. Palabras mayores.
Pero una cosa es la civilización, con sus desafíos climáticos, sus riesgos de sequías e inundaciones catastróficas y todo eso que ya sabemos y otra cosa es lo que pasa esta mañana. Salvar la civilización será muy importante, pero lo de hoy es urgente.
El carbón es ahora una alternativa al puñetero gas ruso y las centrales nucleares, la panacea
Hoy nos conformamos con salvarnos de las facturas del gas y la electricidad
Lo de hoy, hay que reconocerlo, es un pastelón de mucho cuidado. Crisis energética, inflación, recesión (no lo duden: cada brote inflacionario grave concluye inevitablemente en una recesión no menos grave, y la que viene está muy cerca), hambrunas...