España, ante el reto de convertir el impacto en una decisión de inversión real
La inversión de impacto ha ganado presencia en España durante los últimos años, pero todavía ocupa un lugar demasiado periférico dentro de las grandes decisiones de capital. Hay más fondos, más vehículos especializados, más emprendedores que incorporan objetivos sociales o medioambientales desde el inicio y una conversación pública más favorable. Sin embargo, esa evolución no debería confundirse con madurez plena. España avanza, pero lo hace con una estructura aún frágil si se compara con otros mercados europeos en los que el impacto ya forma parte de la arquitectura financiera y no solo de una categoría emergente.
Los datos ayudan a poner esta evolución en perspectiva. Según el estudio Anual SpainSIF 2025, en España se gestionan 238.244 millones de euros bajo criterios ASG (medioambientales, sociales y de gobernanza), pero las inversiones generadoras de impacto representan solo 14.021 millones, el 6% de ese universo. Es decir, la sostenibilidad ha ganado presencia en las carteras, pero el impacto entendido como contribución medible y explícita sigue siendo todavía una parte reducida del mercado.
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