Más allá de la transición energética
El debate no es ya "fósiles contra renovables": la energía va estrechamente ligada a la organización del trabajo, a un modelo productivo sostenible y a una geopolítica endiablada.
Durante la última década, la transición energética ha ocupado el centro del debate público. "Renovables", "electrificación" o "descarbonización" se han convertido en conceptos omnipresentes en políticas y estrategias empresariales. Sin embargo, a medida que avanza la década de 2020, resulta evidente que este marco ya no basta para comprender la magnitud de los cambios en curso. La energía ha dejado de ser un ámbito sectorial y se entrelaza con la productividad, la organización del trabajo, la inteligencia artificial y una geopolítica fragmentada e inestable.
Desde hace más de dos décadas, las economías avanzadas arrastran un estancamiento estructural de la productividad. Entre 2000 y 2019, el crecimiento medio anual de la productividad laboral en la OCDE apenas superó el 0,8 %, muy lejos del dinamismo del periodo de posguerra. Este freno no solo limita el crecimiento económico, sino que debilita las bases fiscales del Estado del bienestar, amplía desigualdades y erosiona consensos sociales. La cuestión ya no es solo cuánto crecemos, sino cómo y con qué capacidad para sostener nuestros sistemas sociales en un...