El buen patrón, con paradoja
La última película de León de Aranoa satiriza la figura del gran empresario-benefactor, que el cineasta demuestra conocer bien.
Que una película aspire nada menos que a 20 premios Goya, incluidos 8 en las categorías de interpretación, es ya en sí mismo todo un acontecimiento, verdaderamente insólito que demuestra hasta qué punto los colegas de profesión de Fernando León de Aranoa valoran su última película, El buen patrón.
Eso sí: el filme, magnífico, difícilmente tendría tanto éxito en el mundo de la economía oficial: se trata de una sátira, divertida y muy bien estructurada, con interpretaciones soberbias (empezando, claro, por la del propio Javier Bardem), sobre la figura del empresario providencial al frente de una compañía familiar que se preocupa como un padre no solo por el bienestar de toda su “gran familia”, sino hasta del conjunto de la sociedad.
Así es en realidad el relato dominante, construido por medios y teóricos demasiado a menudo financiados por estos mismos supuestos empresarios-benefactores. Obviamente, esta figura canónica puede, efectivamente, existir, pero los personajes al estilo de Julio Blanco, el buen patrón al frente de Básculas Blanco interpretado por Bardem, haberlos, haylos: déspotas...