Matar el dolor crónico, o simplemente matar
Centenares de miles de personas han muerto en EE UU por adicción a opiáceos prescritos para calmar el dolor
El OxyContin, una píldora con los mismos efectos que la heroína y de uso incialmente restringido a enfermos terminales, se acaba recetando para dolores crónicos de espalda o cualquier parte del cuerpo. Las ventas del medicamento se disparan, con la infiltración en la autoridad sanitaria (la FDA, en Estados Unidos) y la connivencia de parte de la profesión médica, que se beneficia de las ganancias de la farmacéutica que lo produce al recetar más pastillas y en mayores dosis de la mano de atractivas visitadoras comerciales y de un marketing muy agresivo. Las pastillas son una fábrica de personas adictas. Hay quien las toma ya por diversión, machacadas en polvo o incluso inyectadas. Las muertes por sobredosis se disparan. Las familias protestan. La empresa culpa a los yonquis, por abusar. Edie Flowers, investigadora federal, va a por la cúpula de la farmacéutica Purdue, presidida por Richard Sackler. Su victoria judicial resulta ser más agria que dulce. Purdue se declara en bancarrota.
Una triste historia real
Es la historia que cuenta la miniserie Painkiller (Medicina letal) accesible en Netflix. Y se trataría de...