Cooperación desde abajo
La ayuda oficial está en crisis, pero los proyectos de transformación que involucran a las propias comunidades son más necesarios que nunca.
Mientras se desmantela la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD), aumentan las guerras, las hambrunas y las desigualdades, y parece razonable preguntarse si tiene sentido seguir defendiendo la cooperación o si ha llegado la hora de transformarla de raíz.
Cooperar no es una moda ni una invención de la ONU: es una constante de la vida humana. Desde siempre, las personas han sobrevivido porque se organizan juntas para producir, cuidarse, defenderse y transmitir saberes. Cuando las sociedades se hacen más complejas, esa cooperación se institucionaliza en comunidades, servicios públicos, cooperativas, redes de apoyo mutuo. La cooperación internacional no es otra cosa que la extensión de esa lógica más allá de las fronteras: reconocer que lo que ocurre en otros territorios afecta a nuestra propia seguridad, economía o clima, y que necesitamos reglas y esfuerzos compartidos.
Riesgos globales
Tras las guerras mundiales y las independencias coloniales, se entendió que la pobreza extrema y los conflictos no eran problemas lejanos, sino riesgos globales. De ahí surge la cooperación al desarrollo: con la pretensión, al menos sobre el...