Una ley necesaria… pendiente de un desarrollo a la altura
La nueva ley de economía social supone un reconocimiento legislativo, pero deja pendientes reformas estructurales clave
La aprobación de la Ley Integral de Impulso a la Economía Social es, sin duda, una buena noticia. No todos los días se reconoce desde el ámbito legislativo un modelo empresarial que representa más del 11% del PIB, que agrupa a miles de entidades y que sostiene millones de empleos. Además, el proceso ha dejado algo igualmente valioso: un consenso amplio en torno al papel de la economía social en nuestro sistema productivo.
Ese reconocimiento importa. Pero también es necesario decirlo: el resultado final no responde plenamente a las expectativas que el propio proceso había generado.
Demasiado general
Durante las semanas previas a la votación advertíamos de un riesgo: que el intento de integrar distintas realidades bajo una única norma derivara en un texto demasiado general, de mínimos. Lamentablemente, ese riesgo se ha materializado. El cooperativismo de trabajo ha quedado diluido en un marco que no ha permitido abordar con precisión sus necesidades específicas.