Cuidadoras con derechos
Mujeres, migrantes y en situación precaria: sobre sus espaldas descansa buena parte del modelo de cuidados que permite que la economía funcione
Amelia Campos, mexicana, se plantó en España hace una década con dos hijos y sin papeles. Era ingeniera civil, pero aquí se ganó la vida como cuidadora y limpiadora. Su formación no estaba reconocida y las propias ONG a las que pidió ayuda la orientaron por ese camino. Hoy es socia y promotora de proyectos de la asociación sin ánimo de lucro Més que Cures, que busca profesionalizar y dignificar las tareas de las trabajadoras del hogar y los cuidados. "Nuestra reivindicación es dar trabajo regular, bajo el régimen general, con todos sus derechos, y no en el régimen especial del hogar, que es una fuente de precariedad. Nos cuesta hacer entender que nuestro trabajo debe tener precios justos", confiesa.
Es la gran paradoja: en alguna etapa de la vida, o en todas, todo el mundo necesita cuidados, pero proveerlos no conlleva el mínimo reconocimiento social y económico. Ni en la propia familia —en España los cuidados familiares son la mayoría— ni fuera de ella, donde las mujeres migrantes se han erigido en base de una infraestructura social sobre la que descansa la economía que llamamos "productiva", tan esencial como invisible.
En un país que ve aumentar la esperanza de vida, y donde a la par se amplían los años que necesitaremos ayuda, la atención a las personas, a veces mezclada con la limpieza, se ha vuelto la pista de aterrizaje al mercado laboral español, a menudo de forma irregular.
Regularización
La última regularización de inmigrantes es una oportunidad. "Sí, lo es, aunque también es un arma de doble filo. Todas queremos ser legales y acceder a derechos, pero la sociedad no siempre está preparada para aceptar que a esa cuidadora a la que se le pagan cinco euros por hora, y que además limpia, se le tenga que pagar el doble, más el seguro". El contexto, un retroceso del número de cotizantes a la Seguridad Social como empleadas del hogar (un 16% menos que en 2018), cosa que sugiere un incremento del trabajo informal.
El mensaje de Campos a las mujeres es doble: que se formen —para defender sus derechos o para elegir otros caminos laborales— y que unan fuerzas, tejiendo red.
El ecosistema de los cuidados es muy diverso. En él se mezcan empleadas del hogar que cuidan con o sin formación, trabajadoras que prestan servicios para empresas cuidando a otras personas —las primeras, con menos derechos que los de las segundas—, el trabajo en residencias, la ayuda a domicilio del sistema de dependencia, el personal de enfermería, cuya legislación dice que una de sus funciones también es cuidar.
"Cada situación distinta está regulada también por una diversidad de leyes, con sus derechos y deberes. Me planteo si no debería considerarse algún tipo de régimen que unificara el sector", señala Ferran Camas, catedrático del Derecho del Trabajo y la Seguridad Social, al frente de la Cátedra de Inmigración de la Universidad de Girona e investigador del proyecto europeo Care4Care.
"Las esclavas del siglo XXI"
El colectivo es heterogéneo, pero muchos de los problemas que vive son comunes. "Todas hemos vivido la experiencia frustrante de un trabajo poco remunerado. Y muchas veces, abusos. Te contratan para cuidar a una persona, pero puedes encontrate con que en realidad tienes que cuidar a dos, lo que supone una presión física y psicológica brutal. O trabajas 24 horas por siete días a la semana, sin alcanzar apenas los 1.000 euros al mes.
A las internas les dicen: ustedes están aquí comiendo, y durmiendo gratis, no se les puede aumentar el salario. Muchas arrastran años y años de trabajo sin cotizar y sin prestación a la vista, con enfermedades laborales no reconocidas. Yo digo que somos las esclavas del siglo XXI", subraya Luz Amparo Suaza, dirigente de Union Kellys Catalunya y una de las cuatro trabajadoras que han lanzado Cuidadoras en red, comunidad impulsada por Alternativas económicas para empoderar a este colectivo invisible mediante la comunicación digital e institucional, con el apoyo de Jornalism Fund. "Tengamos o no la documentación en regla, todas somos legales y tenemos los mismos derechos", enfatiza.
Abusos sexuales
Según Oxfam Intermón y la Asociación Por ti Mujer, el 49,2% de trabajadoras encuestadas que trabajan en el hogar aseguran haber vivido algún tipo de violencia en el trabajo, mientras la Encuesta sobre acoso sexual en mujeres de origen extranjero trabajadoras del hogar y los cuidados en Cataluña señala que una de cada tres trabajadoras ha sufrido acoso sexual en algún momento, realidad que ha corroborado CC OO desde su experiencia sindical. "Es una epidemia. Y hemos observado que no se denuncia, y que incluso se interioriza la humillación, cosa que provoca serios daños de salud mental entre las cuidadoras", concluye Camas, tras la investigación europea Care4Care. A veces es la persona cuidada. Otras, un hermano, un padre, un hijo.
La inspección de trabajo no puede entrar en un domicio sin autorización judicial para controlar las condiciones de trabajo de alguien, pero, añade, si se está produciendo un delito en ese momento y hay denuncia, la policía puede entrar y echar la echar la puerta abajo. "Hay muycho miedo. ¿A quién van a creer? ¿A una indocumentada inmigrante?", replica Suaza, para la que es clave el apoyo, también emocional, entre redes de mujeres.
"Afortunadamente yo no sufrí abuso sexual ni maltrato, pero cuando llegué aquí, en 2010, sin conocer a nadie, me recomendaron estar interna, solo recuerdo que no se podía, no se podía, no se podía...Me dejaban salir el domingo por la mañana ,pero por la tarde ya debía regresar. Te levantabas a las 6 de la mañana y por la noche no te podías ir pronto a dormir. Si era fiesta en Sant Cugat, donde trabajaba, no podía descansar porque las niñas estudiaban en Barcelona. Si era fiesta en Barcelona no podía descansar porque las niñas no estudiaban. No se podía, nunca se podía", evoca su llegada desde El Salvador Judith Reynado, protagonista de una historia de lucha y superación.
Tras años de esfuerzo y formación, está al frente de la Asociación Empresarial para América Latina y es miembro de Consejo de Inmigración del Ayuntamiento de Barcelona. Ahora cuida los derechos de los colectivos latinos, y más de mujeres.
Corresponsabilidad
Hablamos todo el tiempo de mujeres. Según datos de Cruz Roja, el 83% de las mujeres que cuidan lo son. "Que lo hagamos no significa que lo debamos hacer", fue su campaña del pasado 8 de marzo.
"Está muy estudiado: las mujeres forman parte de un estado partriarcal cuya estructura de poder está liderada por los hombres, que deciden e implantan qué es y qué no es importante en la sociedad. Lo importante lo hacen los hombres y está bien pagado. Lo que hacen las mujeres no se paga bien. Por eso es importante hacer política pública feminista y de defensa de los derechos humanos, además de promover masculinidades igualitarias y feministas para que los hombres se impliquen en el trabajo de cuidados", remarca Saray Espejo, directora general de Equidad en los trabajos y Corresponsabilidad del Gobierno catalán.
Para Espejo, la equidad en los trabajos productivo y reproductivo solo se conseguirá cuando los hombres se involucren en la corresponsabilidad. "Es fundamental que los hombres participen en estas tareas para que mejore la remuneración y el prestigio social de estas", señala, tras recordar los vivos debates en torno a los modelos de cuidados y a su desinstitucionalización que se cruzan en el feminismo. "Yo personalmente soy partidaria de que las mujeres tengan capacidad de trabajar fuera de casa si lo deciden, porque, si vamos a un modelo remunerado de los cuidados del hogar, ya sabemos quién se quedará cuidando.
Creo que los cuidados son un trabajo, que tiene que estar protegido socialmente y bien remunerado", añade. La Generalitat participa en el plan Corresponsables, un servicio público municipal que ofrece un espacio donde dejar a menores de 0 a 16 años o hasta 21 años condiscapacidad. También ha lanzado un plan para agilizar expedientes de personas en situaciones del grado III de dependencia, para poder conceder ayudas más deprisa.
Cuidan las mujeres
"Debería existir una corresponsabilidad, pero, estadísticamente, casi un 80% de las mujeres cuidarán de alguien —de su padre, su madre, sus abuelos, sus hijos, sus hermanos, incluso sus amigos—, al menos una vez en su vida, pero solo un 20% de hombres lo hará. Personalmente, creo que quien cuida debe ser considerado trabajador, pero según nuestra legislación no lo es, no recibe ningún salario ni cotiza", explica Camas. El 90% de los permisos para cuidar a familiares los cogen mujeres."La pregunta, al final, es: ¿necesitamos a más personas que cuiden? Y, en caso de respuesta afirmativa, ¿por qué no encontramos a personas que aquí quieran cuidar? Y, si es así, ¿debemos traer a personas del extranjera de forma regular y con derechos?", deja en el aire el catedrático.
Crisis de los cuidados
Que faltan personas que cuiden no está en cuestión. El Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 estimó el año pasado que se necesitarán 751.000 —es decir, 261.400 personas más que ahora, con un 53% de incremento—, si se tiene en cuenta el aumento de la dependencia, en casa o en residencias, y con un escenario de 2,05 millones de atendidas. En el informe Estimación de necesidades de trabajadoras de cuidados de larga duración a 2030, se apunta que, en un escenario de cobertura universal a 2,5 millones de personas, se necesitarían nada menos que un 85% de cuidadores más (414.600 personas más).
El estudio afirma que los profesionales del sector, la mayoría mujeres, cobran un 35% menos por hora que la media, que casi la mitad tienen contratos parciales y que más del doble trabaja en turnos de noche y los domingos. Un 73% sufre riesgos en el desempleo de su trabajo, según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), en el caso del empleo doméstico (un 96% copado por mujeres), un 42% de trabajadoras son inmigrantes. Saray Espejo defiende la regularización de inmigrantes porque "seguramente da también herramientas a mujeres en este sector con derechos vulnerados, ante la posibilidad de tener un contrato laboral y de luchar hacia la igualdad y el respeto de sus derechos. En Cataluña, los cuidados suponen un 2,5% del empleo. Dos de cada cinco personas trabajadoras del sector lo hacen en situación irregular".
Condiciones laborales
"Siendo muy claros: hoy, el sistema difícilmente se sostendría sin la aportación de estas mujeres. Las personas migrantes son hoy una pieza clave. Pero el verdadero reto es construir un modelo de cuidados que funcione con calidad, equidad y reconocimento para todos los profesionales: reconocer el papel de estas profesionales, mejorar sus condiciones laborales y su formación, dignificar el sector en su conjunto y hacerl o más atractivo para nuevos perfiles", opina Daniel Foncillas, director del foro Cuida, un espacio profesional que a finales de mayo reúne en Barcelona a entidades, empresas, administraciones y profesionales de perfiles diversos del sector. Para Foncillas, "no podemos construir ese modelo de futuro apoyándonos únicamente en dinámicas de precariedad o invisibilidad, y la solución no pasa solo por tener a más personas, sino por transformar el sistema para que sea sostenible, justo y profesionalizado".
Esther Sagués, vicepresidenta del Sindicato de Cuidadoras Profesionales Municipales (SAD), se muestra "cansada de discursos" que critican la feminización y la precarización sin revertir el sistema porque "todos hemos asumido que las mujeres, de forma voluntaria, debemos cuidar a los nuestros".
Privatización
Sagués atribuye la falta de profesionales, en el caso específico del servicio de atención a domicilio, a su privatización. "La administración pública ha tomado la decisión de externalizar, de entregar un servicio público a empresas privadas, para recortar en gastos. Se trata igual a una empresa de cuidados que a una de basuras: que venga el mejor postor. En la atención al domicilio, las contrataciones, como mucho, pueden ser de cinco, 10, 15 o 20 horas. La gente acaba su jornada y debe buscar otro trabajo, seguramente en la economía sumergida, porque el servicio de atención a domicilio se utiliza como servicio a la carta. Se necesita una trabajadora para unas horas y adiós. Es un desastre, es insostenible. La gente huye a otros sectores porque, además, y lo digo con respeto, se suele asociar este trabajo a la limpieza. Claro que no encontramos profesionales", lamenta la sindicalista.
EL SAD, que defiende que se revierta la externalización de la atención domiciliaria y su remunicipalización, explica que el trabajo no solo consiste en asistir, sino también en apoyar, educar, prevenir, escuchar, empatizar... "Cuando se trabaja para una empresa que recorta en tiempo de atención porque hay que salir corriendo de un domicilio a otro, se trata a las personas como muebles. Ducho corriendo a la señora y me voy. Quizá en otras condiciones no habría que ir a buscar a nadie fuera", espeta Sagués, quien echa en falta conciencia social, y también institucional.
La irrupción de plataformas digitales de cuidados ha acentuado esta dinámica. Aunque la pendiente adaptación de la directiva europea de plataformas supondrá cambios, pues, al igual que ha sucedido con los repartidores (riders), presume que también en el caso de los cuidados las personas que prestan sus servicios a través de ellas de entrada son trabajadoras.
Tras constatar en sus investigaciones que los convenios colectivos en residencias públicas ofrecen mejores condiciones laborales que las del ámbito privado —que son la mayoría—, Camas llega a preguntarse si no tendría sentido, para atraer más perfiles, que las personas que trabajan en los cuidados fueran empleadas públicas, aunque, incluso con mejores salarios, pronostica que seguiremos careciendo de personal. Viene una gran ola de cuidados y es un trabajo esencial.