Cuidadoras con derechos
Mujeres, migrantes y en situación precaria: sobre sus espaldas descansa buena parte del modelo de cuidados que permite que la economía funcione
Amelia Campos, mexicana, se plantó en España hace una década con dos hijos y sin papeles. Era ingeniera civil, pero aquí se ganó la vida como cuidadora y limpiadora. Su formación no estaba reconocida y las propias ONG a las que pidió ayuda la orientaron por ese camino. Hoy es socia y promotora de proyectos de la asociación sin ánimo de lucro Més que Cures, que busca profesionalizar y dignificar las tareas de las trabajadoras del hogar y los cuidados. "Nuestra reivindicación es dar trabajo regular, bajo el régimen general, con todos sus derechos, y no en el régimen especial del hogar, que es una fuente de precariedad. Nos cuesta hacer entender que nuestro trabajo debe tener precios justos", confiesa.
Es la gran paradoja: en alguna etapa de la vida, o en todas, todo el mundo necesita cuidados, pero proveerlos no conlleva el mínimo reconocimiento social y económico. Ni en la propia familia —en España los cuidados familiares son la mayoría— ni fuera de ella, donde las mujeres migrantes se han erigido en base de una infraestructura social sobre la que descansa la economía que llamamos "productiva", tan esencial...